Por Isaac Caro:

El aumento del antisemitismo en América Latina

E n América Latina, se puede seguir un análisis cuantitativo de incidentes antisemitas a partir de los informes anuales de la Universidad de Tel Aviv, así como los de Antisemitismo en la Argentina, estos últimos publicados de manera ininterrumpida desde 1998 por la Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas (DAIA), los que son los más completos de la región latinoamericana. Estos informes constatan que un hito importante del antisemitismo en toda la región está dado por el atentado contra la AMIA, en julio de 1994, el que, aunque ha sido considerado por las autoridades argentinas como un ataque a toda la sociedad, su objetivo estaba enfocado en el colectivo judío. Por su parte, la Anti-Defamation League (ADL), de Estados Unidos, tiene un índice global de antisemitismo, que es considerada la encuesta de opinión más completa sobre actitudes hacia los judíos, la que es conducida en más de 100 países y durante 2013 por primera vez se incluyeron a países latinoamericanos, donde las actitudes antisemitas alcanzaron a un 31% de los encuestados, esto es un porcentaje mayor a la media mundial, que alcanzó 26% y superó a otras regiones, como Asia, con un 14%, y Europa occidental, con un 24% (Anti-Defamation League ADL, 2014).

En los informes de la Universidad de Tel Aviv que cubren del año 2009 al 2015 aparecen citados nueve países latinoamericanos, Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, México, Perú, Uruguay, Venezuela, en todos los cuales se registran acciones violentas antisemitas. Se entiende por tales los actos violentos perpetrados con o sin armas, que resultan en vandalismo o amenazas directas en contra de personas e instituciones judías, tales como sinagogas, centros comunitarios, escuelas, cementerios, monumentos. Los años 2009 y 2014 son los que tienen una mayor cantidad de incidentes antisemitas, lo que está en gran medida relacionado con el desarrollo del conflicto israelí-palestino. En el caso latinoamericano, los principales actos violentos se registran en Argentina (55 actos violentos en el periodo), Brasil (29 actos) y Venezuela (25 actos) (Tel Aviv University, 2009, 2010, 2011, 2012, 2013, 2014, 2015). Sin embargo, en estas cifras no están incluidos otros elementos de antisemitismo, que dicen relación con los discursos que niegan el holocausto, o expresiones xenófobas, provenientes de movimientos y grupos de extrema derecha y extrema izquierda. Veamos los casos de Brasil y Venezuela, dos expresiones distintas de antisemitismo, dejando los casos de Argentina y Chile para una próxima columna.

En Brasil, parte importante de los discursos y actos antisemitas provienen de movimientos neo-nazis y especialmente de grupos skinheads que existen en el sur del país y en Sao Paulo, los cuales dirigen su violencia en contra de judíos, gays, negros y nordestinos (migrantes pobres del norte del país). En 2011, la Delegación de Crímenes Raciales y Delitos de Intolerancia (Decradi) estimó la existencia de 25 grupos neonazis solo en Sao Paulo. Por su parte, la policía encontró bombas caseras que algunos de estos grupos planeaban colocar en sinagogas (Tel Aviv University 2011a). Durante el 2014, el antisemitismo aumentó como resultado de la Guerra de Gaza, con discursos provenientes especialmente de activistas de izquierda y extrema izquierda. En particular, dirigentes del Partido Socialista de los Trabajadores Unificados (PSTU), del Partido Comunista de Brasil (PCB) y del Partido Socialismo y Libertad llamaron abiertamente al término del Estado de Israel. Al mismo tiempo, se registraron incidentes antisionistas en diferentes ciudades. Por ejemplo, en Sao Paulo, 55 de los 86 artistas que participaban en la 31 Bienal Internacional, pidieron remover el logo del Consulado de Israel que era uno de los patrocinantes. Al mismo tiempo aumentó la propaganda antisionista en las redes sociales, especialmente en Facebook, donde se abrieron nuevas páginas. El sitio Nova Direita Cultural (Nueva Derecha Cultural) tradujo una caricatura antisemita y homofóbica del caricaturista francés Joe Lecorbeu, que parodiaba la visita del primer ministro israelí Netanyahu al memorial de las víctimas del holocausto, con la leyenda: “holocausto por sodomía”
(Tel Aviv University 2014).

En lo que se refiere a Venezuela, se observa un aumento de los incidentes antisemitas como parte de la propaganda anti Israel de los gobiernos de Chávez y Maduro. En la campaña presidencial de 2012, de Chavez contra Capriles, se acusó a este último, por su ascendencia judía, de ser parte de una internacional sionista que controla los medios y las finanzas, ser un agente del Mossad israelí, buscar importar la primavera árabe a Venezuela, usar tácticas opresivas como las usadas por Israel en contra de los palestinos (Anti-Defamation League ADL, 2012). En el gobierno de Maduro, han persistido las acusaciones en contra del Estado de Israel. Estos rasgos de antisionismo son también aplicables a otros países “bolivarianos”, como Bolivia y Nicaragua, cuyos presidentes rompieron relaciones diplomáticas con Israel en enero de 2009 y junio de 2010, como efectos de la incursión de Israel en Gaza, y el asunto de la flotilla que se dirigía a Gaza, respectivamente.

En todos estos casos, cabe agregar un componente de antisemitismo relacionado con un populismo latinoamericano de “extrema” izquierda o izquierda radical, en el que participan cuatro dimensiones: mantiene lazos con la tradición negacionista de la Shoá, propende frases antisemitas en perspectiva cristiana, manifiesta a través de vías diplomáticas una hostilidad hacia el Estado de Israel (favorecida por la relación de estos países con Irán), asocia a centros de estudios judíos con agentes de la organización de inteligencia israelí Mossad (Fregosi, 2009). Una vez más, nos encontramos en América Latina, con un antisemitismo y un antisionismo que tiene diferentes fuentes, especialmente provenientes de la extrema derecha y la extrema izquierda. El islamismo radical, la existencia de organizaciones palestinas radicalizadas, y determinadas políticas extremas adoptadas por el gobierno de Netanyahu, son también nuevas fuentes de antisemitismo, algunas de las cuales consideraremos en la próxima columna.

Esta columna forma parte del Proyecto Fondecyt 1150057

Por Isaac Caro.

Experto en Asuntos Internacionales.