Daniel Schachner:

El arte como camino de encuentro

Ver y no ver. No es sólo una cuestión física. Las luces y sombras se proyectan en las relaciones humanas para dotar de color los vínculos, desde los más vibrantes y alegres hasta los más tristes y grises. A veces estamos uno junto al otro, distraídos, apurados, ocupados, sin fijar nuestra atención en quienes nos acompañan, sin ser capaces de percibir cómo nuestros actos gestan las distancias y los silencios y hasta las agresiones que nos hacemos cotidianamente unos a otros. A veces tampoco prestamos la debida atención hacia aquellos gestos que nos llevan al encuentro con personas que nos llenan de alegría y afecto. Y así pasa nuestra vida, en medio de posibilidades de encuentro truncadas por una comunicación defectuosa, por prioridades mal interpretadas, por un cúmulo de expectativas, soledades y ansiedades que podrían haber tenido otro destino con tan sólo detenerse un momento, para abrir los ojos y el alma, y eventualmente cambiar la trama.
Así lo percibió Daniel Schachner (1954), al sufrir hace unos años un accidente que le privó por algún tiempo de la vista, y durante el largo proceso de recuperación que ello implicó. En particular, la comunicación, y las actitudes humanas que la frustran o impiden, se volvió entonces uno de sus temas de reflexión centrales. Los dos símbolos universales: masculino y femenino, se tornaron parte de su código personal para manifestar estas posibilidades de encuentro y desencuentro. Figuras que pueden ver sólo a medias el mundo que construyen, que apenas pueden tocarse y torcer sus destinos; o que pueden colaborar en lo cotidiano y expresarse en plenitud. Sin dramas ni prejuicios, en una etapa de madurez y con mucha audacia, Daniel se permitió sacar a la luz estas reflexiones en una productiva labor que hoy le ha llevado a habitar espacios arquitectónicos y artísticos, algo que incluso a él le sorprende y alegra, porque representa una nueva y generosa etapa de su vida.
La exploración del color -un ejercicio recomendado por su médico como parte de la terapia- terminó confundiéndose con sus reflexiones para hacer emerger un mundo de imágenes interiores que se materializaron en obras gráficas (en óleo, pastel y acrílico). Algo totalmente inesperado, pero hoy indispensable en su vida, marcada por un presente lleno de cuadros de colores vibrantes, que ponen en tensión, con ciertos toques lúdicos, sexualidad y comunicación, como claves que definen las posibilidades de interacción humana. Del papel y la tela, con osadía, Daniel proyectó su mundo de imágenes también hacia la escultura. Autodefiniéndose como un intruso, explora con sus figuras, tan atrevidas como ingenuas, las posibilidades del metal, creando un espacio de aprendizaje constante para el artista, que ha reciclado allí conocimientos adquiridos casi inconscientemente en el seno de la fábrica familiar de lámparas, como fruto de sus emprendimientos posteriores, junto con aquellos que ha buscado en este camino de exploración y expresión artística.

Las reflexiones de Daniel Schachner llegan por primera vez este 18 de octubre al Mercaz, en una nueva exposición organizada por Extensión Cultural, titulada “Bajo la mirada de HaShem”. En ella, el artista presenta una muestra de sus creaciones, buscando, antes que nada, encantar desde la emocionalidad; porque para él lo importante es, naturalmente, que su obra logre establecer un puente de sentido y de diálogo íntimo, con el espectador.

Por Vanessa Goecke.