Por Isaac Caro:

El antisemitismo del nuevo milenio

(Parte I)

En el marco de posguerra fría, la lucha de la comunidad internacional en contra de las diferentes formas de intolerancia, en particular las vinculadas con el antisemitismo, toma una nueva dinámica, la que queda de manifiesto con la resolución 4686, del 16 de diciembre de 1991, de la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas (ONU), aprobada por 111 votos a favor, 25 en contra y 13 abstenciones. Esta instancia revocó la resolución 3379 del 10 de noviembre de 1975 que consideraba al sionismo como una forma de racismo y discriminación racial. Por el contrario, la resolución de 1991 considera al sionismo como una forma legítima de expresión del pueblo judío.

Durante la guerra fría, al viejo antisemitismo, caracterizado por diversas manifestaciones, incluyendo sus primeras raíces religiosas de acusación a los judíos del deicidio o muerte de Cristo, teorías conspirativas sobre el dominio mundial judío, y estereotipos sobre la inferioridad racial de los judíos, se une el antisionismo, o actitud contraria a Israel. Esta posición antisionista se expresa especialmente en el marco de un discurso bipolar, que tiene un hito importante a partir de 1967, cuando después de la Guerra de los Seis Días, la Unión Soviética y los países de Europa oriental rompen relaciones diplomáticas con Israel. La resolución de la ONU de 1975 reproduce el esquema bipolar característico de la guerra fría: los países árabes y musulmanes, así como la Unión Soviética y Europa oriental votaron a favor de esta instancia, en tanto que Israel, al igual que Estados Unidos, Europa occidental, Australia y Nueva Zelandia votaron en contra. Hasta 1990 predominó, tanto en el marco de la ONU como de las agencias internacionales, un rechazo hacia Israel y el movimiento nacional judío. Esta situación cambió en el momento de la invasión iraquí de Kuwait y luego como consecuencia de los ataques de Irak contra Israel, en que la comunidad internacional comienza a adoptar nuevas actitudes en relación con Israel y el sionismo (Perednik 1999).
Los acontecimientos de la primera mitad de los 90 parecían auspiciosos en la creación de un nuevo orden internacional multipolar más seguro y un Medio Oriente más pacífico. La revocación de la resolución 3379, y por lo tanto la consideración del sionismo como una forma legítima de expresión del pueblo judío, era una exigencia del gobierno israelí para participar en la conferencia de paz de Madrid y se daba en un naciente contexto multipolar en donde ambas potencias, Estados Unidos y la Unión Soviética – luego Rusia -, parecían coincidir en temas de seguridad internacional, como lo demostraba la posición común frente a la invasión iraquí de Kuwait en 1990 y la convocatoria conjunta a la conferencia de Madrid en 1991.

El contexto de acercamiento entre Israel y el mundo árabe queda concretado en la Declaración de Principios de Israel con la Organización de Liberación Palestina (OLP) en 1993; el Tratado de Paz entre Israel y Jordania en 1994; la suscripción de la Declaración de Barcelona en noviembre de 1995, en la que la Unión Europea junto a Turquía, Israel, la Autoridad Palestina y siete países del mundo árabe (Argelia, Egipto, Jordania, Líbano, Marruecos, Siria, Túnez), expresaron un objetivo que era ambicioso: hacer del Mediterráneo un espacio común de paz, mediante el diálogo político y de seguridad, la creación de una zona de libre comercio, la promoción de una asociación cultural a través del diálogo intercultural e interreligioso (Euro-Mediterranean Conference 1995). Sin embargo, el asesinato del primer ministro israelí, Itzjak Rabin, y la consiguiente irresolución en el conflicto israelí-palestino, vuelven a producir una nueva oleada de antisemitismo y antisionismo, que va a tener un crecimiento constante desde el año 2000 coincidiendo con la segunda intifada palestina y el ascenso de Ariel Sharon como primer ministro de Israel.

El antisemitismo del nuevo milenio tiene nuevas fuentes, como son el crecimiento de movimientos de extrema derecha representados por los populismos europeos; la persistencia de un discurso de izquierda radical con elementos populistas, como lo muestran algunos casos latinoamericanos; el aumento de la presencia musulmana en Europa y Estados Unidos; las persistentes crisis económicas. No obstante, todas estas fuentes utilizan el conflicto israelí-palestino como un elemento propicio para expresar el antisemitismo y el antisionismo, los que operan de una manera relacionada e indistinta, culpando a Israel y a los judíos del problema palestino. El aumento de ambas formas de intolerancia está relacionado en gran medida con el conflicto israelí-palestino, por lo cual son hitos importantes septiembre de 2000, con el inicio de la Segunda Intifada; marzo y abril de 2002, cuando Israel realiza una ofensiva militar en Cisjordania; y las tres operaciones llevadas a cabo por Israel en Gaza, “Plomo Fundido” en diciembre de 2008 y enero de 2009; “Pilar Defensivo” en noviembre de 2012; y “Muro Protector” en julio y agosto de 2014.

América Latina no es extraña a estas manifestaciones del “nuevo antisemitismo”. En Venezuela y otros países “bolivarianos”, como Bolivia y Nicaragua, algunos incidentes antisemitas van unidos con posiciones antisionistas de los respectivos gobernantes reflejadas en el rompimiento de relaciones diplomáticas de estos tres países con Israel en el marco del conflicto en Gaza en 2009. En Argentina y Chile existen distintas expresiones e incidentes antisemitas que a la luz del conflicto israelí-palestino tienden a aumentar tanto de manera cuantitativa como cualitativa, los que están relacionados con la presencia de movimientos neonazis y la actividad de algunas organizaciones árabes radicalizadas.

Esta columna forma parte del Proyecto Fondecyt 1150057