Por Gachi Waingortin

El acto de rezar

Responde a la necesidad humana de expresar sentimientos íntimos en un marco espiritual; de pedir, agradecer o simplemente tomar contacto con lo trascendente. El judaísmo agrega a esta necesidad personal, algunos elementos importantes. Primeramente, los textos tradicionales consagrados por el tiempo, que pueden ayudarnos a materializar ese deseo, a la vez que nos unen al pueblo de Israel, que reza con las mismas palabras a través de los siglos y la dispersión. También aporta el concepto de minián, el mínimo de diez judíos adultos necesario para rezar, pues la comunidad es el alma de la supervivencia judía. Finalmente están los tiempos fijos: no podemos pasar el día rezando, pero tampoco debemos descuidar esta experiencia.

Es así que la plegaria judía tiene dos aspectos inseparables: Keva y Kavaná. Keva (lo establecido) constituye la obligatoriedad de rezar tres veces al día, con una estructura de plegaria determinada. Kavaná (la intención) es la sensación interior de comunicación con lo trascendente, la inspiración y la identificación de nuestra alma con las emociones que surgen del texto, contemplando la posibilidad de incluir meditaciones y plegarias personales. Es lo que se denomina “Avodá Shebalev” (servicio del corazón).
La tensión entre Keva y Kavaná hace de la tefilá una experiencia a la vez personal y nacional, íntima y al mismo tiempo colectiva. En palabras de Abraham Joshúa Heschel, Keva es el cuerpo y Kavaná es el alma de la experiencia judía. No debemos descuidar ninguno de los dos: un cuerpo sin alma es un cadáver; un alma sin cuerpo es un fantasma.

La Kavaná se puede cultivar. Los místicos dentro de la tradición judía sugieren hacer ejercicios de meditación; podemos buscar lugares físicos inspiradores, recurrir a instrumentos musicales o canciones como los nigunim, melodías tradicionales sin letra que ayudan a generar un clima especial de recogimiento o de exaltación durante la tefilá.

El Keva se debe adquirir, sea a través de la práctica o a través del estudio. Hay una estructura específica de los rezos con la que el judío debe familiarizarse para así poder disfrutar de la plegaria en comunidad. Cuando uno sabe rezar puede participar, sentirse parte y ayudar así a todo el grupo a alcanzar el estado de Kavaná apropiado para que la tefilá sea una experiencia movilizadora para todos los miembros de la congregación.

En este contexto, encontramos el Kadish, fórmula que se utiliza, entre otras cosas, para demarcar las diferentes partes de la tefilá. El Kadish es un texto muy antiguo: no está escrito en hebreo como el resto del sidur, sino en arameo, que era la “lingua franca” del pueblo judío durante el período talmúdico. Esto es una muestra tanto de su antigüedad como de su importancia, al establecer los Rabinos que se dijera en un idioma que todos pudiesen entender. El texto es esencialmente una alabanza a D´s creador del mundo.

Existen diferentes tipos de Kadish con distintas funciones específicas. El más corto es el Jatzí Kadish (medio Kadish) que sirve para separar partes dentro del servicio religioso y anunciar el inicio de algo importante, como el Barjú, la Amidá o la lectura de la Torá. Le sigue en extensión el Kadish Shalem (Kadish completo) que se utiliza para anunciar la finalización del servicio religioso. Kadish Shalem agrega al anterior un párrafo donde pedimos a D´s que reciba (titkabel) nuestras plegarias, por lo que en algunos sidurim se lo nombra como Kadish Titkabel. Kadish Shalem termina con un pedido por paz y bienestar para todos. Kadish De Rabanán (el Kadish de los Rabinos) se pronuncia después de estudiar literatura rabínica y agrega otro párrafo aun, que pide por los sabios de nuestro pueblo. También este Kadish culmina con el pedido de bienestar y de paz. Y finalmente está Kadish Yatom, (literalmente, Kadish del huérfano) o Kadish de duelo, recitado durante los primeros once meses después de la muerte de un familiar en primer grado y en los sucesivos aniversarios del fallecimiento, Iortzait. El Kadish de duelo es idéntico al Jatzí Kadish con el agregado del pedido por la paz.

El recitado del Kadish, en todas sus formas, exige la presencia de un minián. Mientras Jatzí Kadish y Kadish Shalem suelen ser cantados con melodías tradicionales, tanto el Kadish Yatom como el Kadish De Rabanán son pronunciados por los avelim, aquellos que están de duelo o de Iortzait, quienes se ponen de pie para ello. La comunidad debe acompañarlos, no con el recitado completo, sino en ciertos momentos específicos: respondiendo “Amén” cuando el texto lo pide, respondiendo “Brij Hu”, que es el equivalente arameo de “Baruj Hu”, (Bendito sea Él), y diciendo en voz alta la frase: Yehé shme rabá mevaraj lealam ulalmei almaiá, “Sea Su gran nombre bendecido por siempre”, declaración pública de la grandeza y eternidad de D´s. Esta frase es la traducción al arameo de “Baruj Shem Kevod maljutó leolam vaed” (Bendito sea Su nombre, cuyo glorioso reino es eterno). Al pedir por la paz, el que recita da tres pasos hacia atrás, simbolizando que a veces, para obtener la paz es necesario retroceder un poco; y luego se inclina a derecha e izquierda, indicando que la paz debe ser para todos.

El Kadish es en esencia una alabanza a D´s. No habla de la tefilá que ayuda a ordenar, ni de la muerte de nuestros seres queridos. Es la reafirmación del poder de D´s en nuestras vidas como fuente inspiradora para alcanzar la redención del mundo.