Por Rabino Ariel Sigal:

Eisav, el casi elegido

“Y dos pueblos serán divididos desde tus entrañas” Bereshit 25:23. Estos dos niños que se engendran refieren al paradigma de una oposición. Y en esta tensión, no hay dudas que Itzjak elige a Eisav. Genera incertidumbre cómo el Patriarca en su espíritu de justicia, prevalece al hombre de caza “Eisav” por sobre el hombre de tiendas “Iaakov”.

La interpretación clásica, a través de Rashi sXI., explica que Eisav logró vivir catorce años cerca de su abuelo Abraham. En este lapso, disimuló sus verdaderas intenciones e intentó mostrarse como un joven cauto y respetuoso. Por ello, engañó al mundo haciéndoles creer de su justicia. El texto nos da una señal “Y amó Itzjak a Eisav, porque comía de su caza” Bereshit 25:28. Eisav simuló frente a su padre Itzjak el Temor Reverencial y su cumplimiento de Mitzvot.

-“¿Qué hiciste hoy?”- pregunta Itzjak.

-“Estudié en una Ieshivá”- contesta Eisav. –“¿Qué estudiaste?”- preguntó Itzjak. Y allí, Eisav recordó algún pasaje que había escuchado al pasar frente a la casa de estudios y mencionó el tema. Así, le hacía a su padre comer de Sus Cacerías. La herramienta de Eisav era preguntarle a su padre acerca de la observancia de las mitzvot para que creyera en su falso interés. –“Padre, tengo un problema”- anunció. “-¿Cuál es?”- le preguntó Itzjak. -“¿Cómo se separa el ma’aser –diezmo- de la sal o la paja?”.

Estas preguntas no tenían el propósito de elevar el estudio, sino exagerar lo exigido por la halajá al punto de ridiculizarlo. Así, los labios de Eisav prorrumpían con palabras ajenas a lo que sentía su corazón. Por ello, con rudeza el Midrash Raba compara a Eisav con un ladrón, que en la calle se quiere hacer pasar como un Erudito. En este caso, el ladrón terminó asesinado al sabio y robando su Talit para ingresar al Beit Midrash -casa de estudio- para presumirse como hombre piadoso. Pero en Eisav conviven las dos realidades, las dos visiones y dos posibilidades. Itzjak en su ceguera, escucha las palabras de Eisav y lo ama. Rivka con su vista, observa actitudes y ama a Iaakov.

Por Rabino Ariel Sigal.