Por Rabino Ariel Sigal

De hediondo a perfumado

No nos podemos quedar callados e inmóviles cuando vemos a una persona cometiendo una trasgresión o un error. “No aborrecerás a tu hermano en tu corazón. Reprender habrás de reprender a tu prójimo, para que no participes de su pecado – Vaikrá 19:17”. El Talmud en Tamid 28a agrega que Rabi Shmuel bar Najmani dijo en nombre de Rabi Iojanan: Toda aquella persona que amonesta a su prójimo en nombre del Cielo -Leshem Shamaim- es meritorio de recibir un espacio junto al Kadosh Baruj Hu.

Pero amonestar es un arte. Si la persona es incapaz de amonestar a los demás, no sólo no tendrá efecto con su reproche sino que incluso hará surgir el mal olor de las malas acciones y de los malos rasgos del transgresor. Si algo que tiene mal olor es dejado quieto, su hedor no se percibe. Pero si alguien mueve el objeto, nuevamente emitirá ese olor ofensivo.

De la misma manera, si la persona peca y continúa con su vida, el hedor de su pecado se mantiene dormido. Si alguien la amonesta de una manera inapropiada, ello puede despertar la energía de sus pecados, cuyo “mal olor” la dañará. Aquel que amonesta debe ser capaz de despertar en la otra persona una inquietud que sea beneficiosa para su crecimiento espiritual.

Moshé fue alguien capacitado para amonestar, su guía moral les daba un aroma agradable a todos los que habían pecado. Cuando los judíos construyeron el becerro de oro, Moshé los amonestó de una manera que los inspiró a buscar el arrepentimiento completo. Continuaron construyendo el Mishkán –Tabernáculo- y experimentaron en medio de ellos una manifestación abierta a la Presencia de D-s – Likutey Halajot V.
En M. Arajin 16b, Rabi Tarfón reflexionaba: “Me pregunto si hay alguien en esta generación que acepte que le marquen los errores”. Rabi Eleazar ben Azaria lo objetó: “Me pregunto si hay alguien en esta generación que sepa cómo amonestar”. El futuro es responsabilidad de todos, pero el presente debe oler agradable, perfumado y aromático.