Por Gachi Waingortin:

¿Cuál es el secreto de la continuidad judía? Otra respuesta.

El rabino Theodore Friedman intenta dar una respuesta a esta pregunta en un artículo llamado: “El por qué de la sobrevivencia judía”. Su respuesta es tan simple que raya con lo obvio: El judaísmo sobrevivió porque fue útil. Nada que no sea útil perdura en el tiempo. Friedman afirma que un judaísmo que debe ser salvado, no merece que lo salven.

Pensemos que mañana nos trasladamos todos a vivir al Caribe. Después de unos años, a un grupo le asalta la nostalgia por las bufandas. Hace tanto tiempo que no usamos una rica bufanda de lana bien abrigada y calentita. Se lanza entonces una campaña con la consigna: “Revitalicemos el uso de las bufandas”. La comunidad organiza cursos para aprender a usar bufandas donde regalan bufandas de pura lana de alpaca, acompañadas de exquisitos guantes y gorros al tono. ¿Quién usaría bufanda en el Caribe? No sólo es imposible, es ridículo intentar convencer a la gente de que use algo que no le sirve para nada. (La publicidad, que podría parecer una excepción, no ofrece lo que no necesitamos, sino que crea necesidades que no teníamos). Pero, si en vez de irnos al Caribe nos trasladáramos al Ártico, jamás haríamos una campaña “Pro bufandas de lana”. Simplemente, nadie dejaría de usarlas porque son imprescindibles. No es posible vivir sin ellas.

El Rabino Friedman plantea que el judaísmo sobrevivió porque fue útil, y debe seguir siéndolo si quiere perdurar. Si el judaísmo no es más que una carga de culpas y peligros que no nos aporta ningún beneficio, no tiene sentido conservarlo. Si, por el contrario, el judaísmo nos brinda algo sin lo cual no podríamos vivir, nadie nos lo puede quitar.

La pregunta entonces no es por qué el judaísmo ha sobrevivido cuatro mil años, sino para qué nos sirve el judaísmo hoy. Friedman plantea que el judaísmo es útil porque nos permite relacionarnos significativamente con las tres dimensiones principales de la vida humana: lo individual, lo social y lo cósmico.

En el plano individual, el judaísmo nos permite saber que nuestras acciones cuentan. Es como si el mundo estuviera sobre una balanza que está exactamente equilibrada entre el bien y el mal y cada cosa que hacemos puede hacer la diferencia e inclinar el platillo hacia uno u otro lado. Así pensada, la vida del judío podría parecer tremendamente seria; y sin embargo el judaísmo provee experiencias de intensa alegría, experiencias que enriquecen la vida. El Shabat y las festividades, la tefilá personal o en comunidad, generan una hermosa sensación de conexión espiritual. El cumplimiento de mitzvot éticas como Kashrut, Tzedaká, aportan una relación constructiva con nuestro entorno. Un judío debe cuidar su manera de hablar y de actuar para no herir a nadie. Debe ser empático y solidario con todos los seres humanos. El judaísmo es útil al individuo porque a la larga, las mitzvot nos ayudan a sentirnos más buenos. Y al final del día, eso es lo único que nos queda.

El judaísmo es útil porque nos permite relacionarnos significativamente con nuestra dimensión social, definida tanto como la pertenencia al pueblo judío, como a la sociedad general. El judaísmo sirve porque la pertenencia al pueblo de Israel nos provee de la sensación de formar parte de algo superior a nosotros mismos. Como judíos nos sentimos contactados a través del tiempo con nuestros antepasados, desde Abraham y los patriarcas y matriarcas, hasta Rabí Akiva, Maimónides, Yehuda Halevy, Rashi, Hertzl, Golda Meir y tantos, tantos otros. Y a través del espacio con todos los judíos que en todas partes del mundo trabajan por enriquecer nuestra cultura y nuestra espiritualidad.

Pero también el judaísmo nos impele a construir una sociedad más justa y más humana. La orden de amar al prójimo como a uno mismo (Levítico 19:18) marca la relación del judío con el otro. Leyes como el año sabático y el jubileo, si bien no son aplicables en la sociedad actual, nos hablan libertad individual combinada con igualdad de oportunidades. El ideal mesiánico habla de una sociedad humana llevada a su mejor versión.

El judaísmo es útil porque nos permite relacionarnos significativamente con nuestra dimensión cósmica. Uno de los mayores postulados del judaísmo es el valor supremo del ser humano. El judío está obligado a santificar su vida a través del cumplimiento de las mitzvot: “asher kidshanu bemitzvotav”. Cada judío debe sentir que tiene un rol fundamental en el orden cósmico, y que si no lo cumple todo el mundo sería diferente. La insignificancia de la vida humana, lo que Kundera denomina “la insoportable levedad del ser”, no tiene cabida en el judaísmo.

Si todo esto es así, ¿cómo se explica que haya judíos que no se interesen en su judaísmo? ¿Cómo podemos entender la asimilación? Quizás el gran problema es que algunos no le encuentran utilidad a su judaísmo. Sienten que no necesitan esa “bufanda de lana”. Los judíos comprometidos no debemos mostrar lo linda que es nuestra bufanda, sino mostrar que allí afuera hace frío y que el judaísmo puede ser una maravillosa fuente de calor. Ser judío observante, con una observancia moderna, sensible, no implica alejarse del mundo ni de la sociedad que nos rodea. Es actuar y vivir de modo de sentir la trascendencia en cada acto. Es saber que somos valiosos como individuos, como miembros de un pueblo y de una sociedad. Y que tenemos una brújula cósmica que nos ayuda a orientarnos en nuestro andar por el mundo. Definitivamente, algo imprescindible.

Por Gachi Waingortin.