Por Gachi Waingortin

Construyendo un ser humano ideal

Rezar como judíos tiene de inspiración y de técnica. La Amidá, como esencia de todo servicio religioso, es nuestro diálogo directo con el Creador. Es así que, tras presentarnos ante Él como herederos espirituales de los Patriarcas y Matriarcas del pueblo de Israel, y tras recordar Su poder de regir el mundo y generar trascendencia, procedemos a elevar nuestras peticiones en forma de brajot. Para el judío, pedir y agradecer son dos caras de la misma moneda. Cada vez que pedimos, estamos agradeciendo la capacidad de D´s de otorgarnos aquello que necesitamos. Por eso, cada pedido comienza desarrollando la idea de lo solicitado y concluye con una bendición de agradecimiento a D´s que, asumimos, satisface nuestras necesidades.

La necesidad básica del judío, que puede desglosarse en todas las demás, es hacer Tikún Olam puesto que para el judaísmo la necesidad básica del ser humano es encontrar sentido a la vida. Así, tres veces al día pedimos a D´s que nos ayude a mejorar el mundo. Los trece pedidos que le haremos a D´s en nuestra Amidá van a diseñar el mundo ideal tal como lo visualiza nuestra tradición. Mientras algunos autores dividen estas peticiones en dos grupos de seis (seis nacionales y seis universales) otros ven tres grupos de cuatro. En ambos casos, la brajá número trece es un pedido para que D´s escuche nuestras plegarias. Guiándonos por el segundo criterio, veremos que las primeras cuatro brajot son pedidos personales, para el individuo; las siguientes cuatro son pedidos nacionales, para el pueblo judío; y las últimas cuatro, son pedidos universales, para el mundo en general.

Para comenzar a diseñar un mundo ideal debemos partir por delinear un ser humano ideal. Lo primero que pedimos a D´s para lograrlo es “deá, biná vehaskel”, conocimiento, comprensión y discernimiento. Estos tres conceptos son afines pero no sinónimos. Deá, es el conocimiento objetivo de cosas, conceptos o ideas que se adquiere a través de la exposición a estímulos o experiencias diversas. Biná es la comprensión cabal de lo aprendido. No siempre comprendemos aquello que sabemos. Podemos saber algo de memoria pero sin llegar a entenderlo en profundidad, o podemos comprender una idea o un fenómeno sin ser capaces de explicarlo en términos concretos. Finalmente Haskel es la capacidad de discernir, de internalizar lo aprendido; es la capacidad de análisis, la visión crítica de la realidad, la integración de lo que sabemos y entendemos para poder tomar buenas decisiones. Hay quien sabe mucho, lo comprende, pero no es capaz de aplicar lo que sabe para el bien. Estos tres aspectos de nuestras capacidades intelectuales son la base de lo que se espera de un ser humano. Muchos piensan que si uno tiene fe, no puede o no debe pensar, que la capacidad de análisis y la fe se contradicen. El primer pedido que hacemos a D´s demuestra lo contrario, no solo podemos sino que debemos utilizar el don divino del raciocinio. El mundo ideal se construirá con personas pensantes, inteligentes, que puedan razonar, comprender y analizar.

Lo siguiente que pedimos es “Ashiveinu avinu letorateja”, Haznos retornar a Tu Torá. De nada nos sirve pensar y discernir, si no sabemos qué es lo correcto y lo incorrecto. Debemos volver a la Torá para aprender de ella qué es lo que D´s quiere de nosotros. Así, teniendo capacidad para el discernimiento y sabiendo cuál es el camino que deberíamos seguir, podemos empezar a actuar para mejorar el mundo.
Pero como somos seres humanos, a veces ocurre que sabemos lo que tenemos que hacer, pero hacemos otra cosa. Por eso, el siguiente pedido debe ser “Slaj lanu avinu ki jatanu”, Perdónanos pues nos equivocamos. Pedimos por el perdón porque lo necesitamos y también porque debemos aprender a perdonar. Debemos aprender de D´s y saber que D´s siempre está dispuesto a perdonar cuando intentamos tomar las decisiones correctas pero nos equivocamos.

Terminamos los pedidos personales rogando por la salvación: “Reé veonieinu veriva riveinu, uguealeinu”. Mira nuestra aflicción, ayúdanos y libéranos. En el contexto de las peticiones individuales, lo que estamos pidiendo acá es la redención espiritual, es sentirnos bien internamente, liberarnos de pensamientos “intrusos”, esos que se nos meten en la cabeza sin nuestro permiso cuando algo nos preocupa o nos angustia.

Con estos cuatro pedidos personales, tenemos entonces diseñado el ideal de ser humano: alguien que puede pensar y es capaz de analizar y tomar decisiones; alguien que sabe qué es lo bueno y qué es lo malo, y trata de decidir lo mejor. Alguien que sabe que si se equivoca, puede arrepentirse, y por lo tanto, alguien que está tranquilo y en paz consigo mismo. Con un ser humano así, podemos empezar a delinear una sociedad más justa y correcta para todos.