Construyendo el mundo ideal

La Amidá, nuestro diálogo personal con el Creador, funciona como una estación de recarga de combustible espiritual. La vida está llena de eventos de agenda que nos contactan con lo inmediato y lo urgente pero nos alejan de lo trascendente, de lo verdaderamente importante. Es por eso que, tres veces al día, intentamos recordar para qué trabajamos, para Quién trabajamos, cuál es el plan que nos guía, hacia dónde debemos dirigir nuestros pasos. Para lograrlo hacemos trece pedidos: cuatro personales, cuatro nacionales y cuatro universales, más uno donde afirmamos que D´s escucha nuestras oraciones.

Una de las cosas más llamativas a la hora de analizar la Amidá es que tiene diecinueve bendiciones, cuando su nombre es Shmone Ezré, que significa Dieciocho. La brajá adicional constituye el primero de los pedidos universales. Se trata de “Birkat Haminim”, el pedido por la destrucción de los “herejes”. ¿Quiénes son los herejes? En el momento en que esta oración es formulada, durante la revuelta contra Roma inmediatamente después de la destrucción del segundo Templo, los herejes eran judíos que delataban la actividad judía ante el gobierno romano. Posteriormente este pedido se extendió a todos aquellos que ponían en riesgo la continuidad judía. La brajá fue redactada en Yavne, a pedido de Rabán Gamliel, por Shmuel Hakatán. El Talmud Bavli (Berajot 28 b) explica que Rabán Gamliel preguntó a los sabios quién podría componer tal pedido a D´s sin incorporar odio ni deseo de venganza. Shmuel Hakatán, hombre pacifista y humilde, se ofreció para ello.

¿Qué dice esta brajá? “Al hamalshinim al tehí tikvá”. A los malvados no les des esperanza. ¿Quiénes son hoy los “malshinim” y por qué incorporamos este pedido como un pedido universal? Pedimos esto porque mientras haya gente que trabaje en contra de los valores esenciales de la humanidad, va a ser muy difícil construir nuestra sociedad ideal. Traficantes de personas, terroristas, narcotraficantes, son “malshinim”, son personas que nos retrasan en nuestro proyecto de un mundo mejor. Pedimos a D´s que no les dé esperanza, que sus intenciones no prosperen, para que el mundo pueda ser un mejor lugar para vivir. Al ser la primera de las universales, es también en parte nacional. El Estado de Israel necesita que se frustren los designios de los malshinim, terroristas e ideólogos antisionistas (la nueva cara del antisemitismo) que atentan contra la sociedad israelí y contra los judíos en todo el mundo.
Nuestro siguiente pedido universal es “Al hatzadikim veal hajasidim”, Por los justos y los piadosos. Al pedir por el mundo, después de rogar que desaparezca la maldad, debemos pedir por la gente buena, por los justos, los que aspiran a la libertad y la justicia. Pedimos por ellos, para que nos ayuden a mejorar el mundo. Para que D´s los recompense por sus acciones y les dé fuerzas para seguir adelante pese a los numerosos tropiezos que surgen en el camino.

Nuestro siguiente pedido es por la reconstrucción de Jerusalem. Pedimos que Jerusalem sea reconstruida, no solo como realidad sino también como símbolo de que es nuevamente la residencia de D´s. Según la escatología judía, la reconstrucción de Jerusalem marcará el momento en el cual la humanidad se unirá en fraternidad, “Velirushalaim irjá berajamim tashuv”, Retorna a Jerusalem, Tu ciudad, con misericordia. Para los judíos, la reconstrucción de Jerusalem es símbolo de la reconstrucción del mundo.

Nuestro último pedido es para que finalmente llegue el Mesías y que el mundo alcance la redención final. “Et tzemaj David avdeja meherá tatzmíaj” Haz brotar el retoño de David Tu servidor. La aspiración mesiánica como una meta a cumplir es esencial. Nuestro pedido por un mundo mejor queda expresado entonces con los trece pedidos de nuestra Amidá: si logramos un mundo donde la gente pueda discernir entre el bien y el mal, que pueda elegir el bien y pedir perdón si se equivoca y esto hace que esté en paz consigo misma; si tenemos gente sana, que pueda trabajar y cuyo trabajo rinda, si podemos ver al pueblo de Israel reunido en la tierra de Israel, con justicia para todos, sin gente que “atornille al revés”, sino con gente buena y justa, entonces Jerusalem volverá a ser el foco de donde surgirá la ética para el mundo; la humanidad se reunirá en hermandad en torno al mensaje de D´s y llegará así la redención final de la humanidad.

Llegamos entonces a la última de las brajot intermedias, también conocida como “Shemá Koleinu” (Oye nuestra voz). Con esta brajá concluimos nuestros pedidos, suplicando a D´s que escuche nuestras oraciones, pues sabemos que Él oye todas las plegarias, por pequeñas que sean. Comenzamos a despedirnos sintiendo que D´s atiende nuestros pedidos. Somos conscientes de que agradecer a D´s que escucha las plegarias, “Shomea tefilá”, no significa necesariamente que haya de concedernos todo lo que pedimos. Pero sí sabemos que con el solo hecho de pedir nos obligamos a no ser indiferentes ante el trabajo que implica concretar nuestros anhelos. Mejorar como personas, aportar a la sociedad y al mundo es difícil y exige un esfuerzo constante. La oración es nuestra manera de recordar y recordarnos constantemente, este compromiso.