Por Rabino Ariel Sigal

Con el dedito, sí

Algunos gestos son naturales e inocentes. Señalar con el dedo, desde los nueves meses de vida, es el recurso más extendido para llamar la atención de quien nos rodea sobre un objeto, peligro o algo que nos sorprende. A veces, este recurso suele incomodar tanto a la parte que señala como aquella que es señalada. Señalar, apunta a un conflicto que propone entenderse a través de un proceso de cambio. Así, lejos de ser un signo de mala educación, debe tratarse de un ejercicio de responsabilidad.

Un Midrash en Shemot Rabbá 15:28 dedujo el uso de la palabra “este” en Bamidvar 8:4: “Y este es el hecho del candelabro: de oro labrado a martillo”. La obra de la Menorá era una de las cuatro cosas que D-s tenía que mostrar a Moshé con el dedo de D’s, porque Moshé estaba desconcertado en imaginarlos y crearlos.

De manera similar, el rabino Jía bar Abba dijo en nombre del rabino Iojanán que el ángel Gabriel se ciñó con un delantal de obrero y le mostró a Moshé la obra de la Menorá, ya que Bamidvar 8:4 dice: “Y este es el hecho del candelabro”. La palabra “este” implica que sostuvo algo para ilustrar las instrucciones dadas – Talmud Menajot 29a.

Entendemos aquí que Moshé es guiado por D-s para aprender acerca del candelabro. El gesto de señalar, ese primer gesto de la comunicación, simboliza el inicio del compromiso. Lejos de utilizar los dedos como símbolo de autoridad, poder económico, capacidades o inteligencia, la Torá nos invita a guiarnos en propósitos, ejemplos e inspiración. Moshé algo confundido recibe la guía para construir un ideal divino. Ese dedo que marca el camino, es un dedo que se compromete con el destino.

Por Rabino Ariel Sigal