En la década de los 30s se tradujeron varios textos de este género:

Ciencia ficción en ídish: transgresión que sana

La ciencia ficción en ídish está ceñida por el horizonte breve del ídish moderno y su antecedente directo es Megale Tmirin de Yosef Perl, un maskil que en 1819 publicó en Viena una sátira a la candidez jasídica.

Se trata de una historia burlona sobre la pretensión de veracidad de la cábala práctica y que apareció al mismo tiempo que Frankestein, considerada la primera obra de ciencia ficción (CF).

Sin embargo fue Méndele Móijer-Sfórim, “padre de la literatura hebrea moderna” y el “abuelo de la literatura ídish” quien tradujo una novela de Julio Verne al ídish para luego remedar algunos trozos en estilo jocoso en Di Kliatshe (La mula, 1873), donde cuenta la historia de Israel, un joven tratando de salir de la Zona de Residencia zarista para convertirse en un médico. En su camino a la universidad el joven se encuentra con un viejo y golpeado jamelgo, quien le cuenta que se trata en realidad un príncipe embrujado y sus terribles padecimientos, pero que mantiene su superioridad moral a pesar de los sufrimientos como animal.

Desde entonces hasta la década de los 30s se tradujeron al ídish varios textos de CF de Verne, Jack London y H. G. Wells; pero nada aún hecho por judíos. Por otra parte durante la misma época los artículos sobre ciencia, y la ciencia en sí misma como un tema de conversación ganaron enorme popularidad en los círculos seculares ídish. Por ejemplo el primer número de la legendaria revista de literatura y cultura Di Tsukunft (1892) presentó un artículo sobre el darwinismo.

Novelas originales de ciencia ficción en ídish no hay muchas que se conozcan y ciertamente faltan traducciones, pero hay acuerdo que la primera del género es Af yener zayt Sambatyon, (Al otro lado del [río] Sambation, New York, 1929) de Lazar Borodulin.

Borodulin fue un periodista en ídish que escribió artículos de divulgación científica para Varhayt (Verdad) y Der Tog (El Día), dos populares diarios de Nueva York.

Borodulín había nacido en Crimea y trabajaba en un negocio de reparaciones de máquinas hasta que se mudó a la ciudad industrial de Lodz donde fue maestro de ruso. En 1907 emigró a Estados Unidos donde siguió fascinado con las posibilidades de la tecnología, de hecho fue uno de los primeros propietarios de un RCA TT-5, el primer modelo de televisor comercial de 1939.

“Al otro lado del Sambation” narra la historia de un periodista en busca de científico loco quien después de inventar un rayo mortífero encontró la vía de llegar hacia la tierra de los roite yíddelej, los pequeños judíos rojos. Una mezcla de mitología judía, ansiedades modernas y confianza en la ciencia tan propia de la época.

Río Sambatión en ídish, fantasía y anticipación

En la tradición ashkenazi se habla de las tribus perdidas del reino de Israel como Die Roite Yiddelej, quienes viven aislados del resto de la comunidad judía por el legendario río Sambation “cuyas aguas hirvientes se levantan muy alto formando una pared de fuego y humo que impide cruzarle”, excepto en shabat cuando el río está calma, pero obvio, no se puede cruzar. Los descendientes de Judá viven con la esperanza que sus hermanos no han desaparecido y viven esperando la reunificación, pero antes debemos encontrar la ruta más allá de unos montes oscuros, del otro lado del Sambation.

Lazar Borodulin se lanza en su cuento a aclarar la naturaleza del río Sambatión, resulta que está formado de una serie de géiseres, una explicación a las erupciones regulares que han impedido que los viajeros puedan cruzar su torrente. Otras propuestas de CF en ídish incluyen obras como Der ferter internatsyonal afn shtern mars, fantastishe dertseylung (“La Cuarta Internacional y la estrella Marte”, Bialistok, 1927) de Shlomo Bogin, un rabino lituano que hizo sociología en secular; Narnbund, Fantastishe Trilogye (“Sindicato de tontos”, 1931) del poeta y cuentista León Kussman; y la última obra de CF en ídish conocida, Di Geheyme Shlihes: Fantastishe Dertseylung (“La misión secreta”, 1980) escrita por un veinteañero Leybl Botvinik antes de su aliá.

En Latinoamérica se conoce sólo una obra de CF en ídish y es de Valentín (Velvl) Chernovetzky (1898-1970), periodista argentino y escritor de ensayos autobiográficos. Se trata de Erev der Ferter Velt-Milkhome, Hines-di Kenign Fun Mars (“En la víspera de la Cuarta Guerra Mundial: La reina marciana”, 1959), una novela que no tiene nada que envidiar al ícono de la CF judía, El Eternauta, el célebre comic de Héctor Osterheld sobre una invasión alienígena sobre Buenos Aires.

El valor de la CF en ídish

¿Qué es lo que siempre impresiona de la CF? Por lejos, su capacidad de anticipación y su apertura a pensar que otros mundos mejores son posibles a pesar de aquel maldito Sambatión que nos separa de la unidad. Por ejemplo los temas de la CF en ídish y la CF judía en general suelen describir situaciones infranqueables para quien cumple con la ley o el orden; pero si se decide quebrarlos puede que el protagonista halle un puente sobre el cual cruzar y triunfar, al igual que en la máxima del rabino Najman de Breslov: Kol haolam kulo gesher tzar meod vehaikar lo lfached kla. todo el mundo es un puente estrecho, y la clave está en no tener miedo.

Si esta máxima se ha convertido en nuestro tiempo en una canción popular para seculares y observantes probablemente describe nuestra condición mejor que otras. En el caso del Sambatión de Borodulin había un estrecho puente para cruzar, pero no tenía barandas, y siempre bajo nuestros pies, a través de los intersticios de la madera, las piedras y remolinos ardientes del mítico río amenazaban al viajero a la más mínima desviación de la norma. Ergo, el puente que necesitamos cruzar es el puente de la transgresión.

Por Jorge Zeballos Stepankowsky