Por Max Colodro:

Ciclo histórico

Los comicios de noviembre están ya a la vuelta de la esquina y serán sin duda el evento electoral más significativo desde el retorno a la democracia; una instancia en la que se pondrán en juego aspectos claves del ciclo iniciado con la derrota de la Concertación en 2010, es decir, a partir de la irrupción del fenómeno de la alternancia luego de veinte años de inédita continuidad.

De algún modo, mucha de la crispación y el desconcierto que el país enfrenta desde entonces viene de ese punto de inflexión, un cambio que fue relevante no sólo en términos políticos, sino también, en aspectos socioculturales. En rigor, para la centroizquierda, el triunfo de Sebastián Piñera hace ocho años vino a remover los peores fantasmas del pasado, traumas que estuvieron dormidos durante largo tiempo y que despertaron cuando los otrora opositores al régimen militar vieron finalmente triunfar en democracia a las fuerzas políticas que habían sido partidarias de Pinochet.

El impacto que ese fenómeno provocó en la Concertación fue de tal magnitud, que los consensos generados durante la transición democrática terminaron por derrumbarse, llevándose de paso buena parte de la valoración y la legitimidad social del Chile construido en ese período. Surgió entonces otra entidad –la Nueva Mayoría-, que a diferencia de la anterior coalición instaló una mirada profundamente crítica y autocrítica respecto a las transformaciones acaecidas en el país. Y ese cambio de visión respecto del pasado fue en definitiva lo que hizo germinar la agenda de reformas estructurales que Michelle Bachelet ofreció a la ciudadanía en la última elección.

Una lectura lineal y quizá un poco simplista puede hacernos creer que la sola derrota de la Nueva Mayoría en noviembre ya supondrá el inicio de un proceso de rectificación respecto a las reformas en curso. Es cierto, puede que en aspectos esenciales la agenda educacional, tributaria o previsional tenga correcciones importantes. Pero más allá de eso, el histórico quiebre de los consensos seguirá su marcha inexorable. El sólo cambio de gobierno no va a resolver las diferencias reinstaladas en el seno de nuestro sistema político, una tensión vital respecto al tipo de constitución que el país requiere y sobre el modelo de desarrollo más adecuado para las próximas décadas.

En resumen, cómo, quiénes y bajo qué condiciones Chile puede volver a construir un piso mínimo de acuerdos político-institucionales para el futuro, es el verdadero desafío del ciclo histórico, un desafío que, para bien o para mal, la elección de noviembre próximo dejará pendiente.

Por Max Colodro.