Por Rodrigo Goldberg:

Capitán sin jineta

Días turbulentos vive hoy nuestro fútbol. Como si no fueran suficientes los escándalos de Sergio Jadue en la ANFP o la dolorosa eliminación de la Roja de la Copa del Mundo de Rusia 2018, hace unas semanas se agregó un episodio que involucra, ni más ni menos, que al capitán, al líder de esta generación dorada. A través de twitter, Claudio Bravo decide restarse del inicio del proceso encabezado por el colombiano Reinaldo Rueda. Toda una sorpresa, un golpe durísimo para la Roja y para el propio técnico.

Pero, ¿cuál es la verdad de su ausencia? ¿Qué hay detrás de su automarginación? Bravo argumenta que quería un preparador de arqueros de su confianza (Julio Rodríguez) y que de la dirigencia no le cumplieron, que tenía planificado con anterioridad un viaje a Chile en los días previos a los amistosos con Suecia y Dinamarca… en fin. ¿Habrá algo más? ¿Quizás la incapacidad del propio Capitán de enfrentarse a un camarín fracturado y, concretamente, tener un cara a cara con Arturo Vidal, de quien la esposa de Bravo (Carla Pardo) aseguró que llegaba borracho a los entrenamientos en Juan Pinto Durán?

Sea cual sea la verdadera razón de su ausencia, lo concreto es que Claudio Bravo hizo gala del poder que ostentaba dentro del camarín. Dio a conocer su malestar por una serie de situaciones que, a su juicio, no se condicen con el correcto funcionamiento de una selección de talla mundial. Al momento de expresarse, pensó que iba a tener un respaldo transversal, tanto del vestuario de la Roja como del hincha, pero se equivocó medio a medio. No calculó el daño que podía causar, ni tampoco la amplitud, por cuanto disparó sus dardos en contra de la ANFP, Arturo Salah e, incluso, salpicó al mismísimo Reinaldo Rueda.

Declaraciones, muchas de ellas, durísimas. Comparó al actual mandamás del fútbol con Jadue, que sólo aparecía para las fotos, que Andrés Fazio (vicepresidente de la ANFP) era quien “cortaba” y no Salah, que no sabía dónde fue a parar el dinero que ingresó a las arcas de la ANFP.

Bravo abrió demasiados flancos y defenderse de todos ellos era muy difícil, más aún cuando no hubo respaldo de sus compañeros. Esto, a diferencia de lo que ocurrió con las bulladas indisciplinas de Arturo Vidal, donde los seleccionados salieron en su defensa, argumentando que la selección es un cuerpo y que son una suerte de hermanos. En este caso en particular, nadie dijo nada, todos se quedaron callados y lo dejaron prácticamente solo. O si usted prefiere, el mismo Bravo, con sus palabras, se aisló.

Hoy, el Capitán sin duda está sufriendo. Respecto de su nominación, me parece que el gran golpe en la mesa es el de Reinaldo Rueda. Esto, porque a pesar de la solicitud de Bravo de no ser llamado para los amistosos y su condicionamiento en torno a contratar a un preparador de arqueros de su confianza, Rueda responde con autoridad. Lo incluye igual en la lista de seleccionados, provocando que el mismo Bravo tenga que dar la cara y que explique por qué no se sumaría a La Roja.

No hay ningún otro arquero chileno que esté al nivel de Bravo. Ni siquiera Johnny Herrera, quien atraviesa por un buen momento en Universidad de Chile. Y de atrás no se ve a nadie que pueda amenazar la jerarquía y solidez de un portero, que pese a ser hoy suplente en el Manchester City, exhíbe una espectacular trayectoria en Europa, sin mencionar sus dos títulos con Chile (Copa América 2015 y Copa Centenario 2016), el subcampeonato de la Copa Confederaciones y dos mundiales a cuestas (Sudáfrica 2010 y Brasil 2014).

Si volverá a la Selección, sólo el tiempo lo dirá. El mismo Salah dejó el tema en duda, al sentenciar que “eso se verá en su momento”. Alexis Sánchez sostuvo que “Bravo tiene las puertas abiertas”, aunque aclaró que era deseable tener una conversación para limar asperezas y malos entendidos. Un panorama, que la verdad, no se ve muy auspicioso, ni para el Capitán ni para la Selección de Rueda que deberá confirmar con hechos que este equipo puede recuperarse de la ausencia de su líder y demostrar en cancha que esta generación tiene aún mucho que entregar.

Sin duda, un conflicto con muchas aristas, con muchos mensajes subliminales y otros tantos simbólicos, que no hacen más que ratificar que el Capitán y no otro, es quien queda muy mal parado, solo, más aislado que nunca y sin jineta.

Por Rodrigo Goldberg.
Exfutbolista – Comentarista de Fox Sports Chile y Radio Cooperativa.