Alejandro Kahn, emprendedor:

Biogusto apuesta por la innovación sustentable

Alejandro Kahn junto a su socia -la diseñadora industrial- Valentina Montenegro.

Luego de 10 años sumergido en el mundo de las finanzas, este joven emprendedor vio la luz en el desarrollo de un producto muy llamativo: vajilla ecológica fabricada con la cascarilla de arroz, lo que permite su reciclaje, biodegradación y compostaje.

El tema está de moda, no cabe duda. Todo Chile se volcó contra las bolsas y bombillas plásticas, que contaminan los mares y deterioran el medio ambiente.

Pero no son los únicos elementos nocivos. Según las estadísticas, cada persona ocupa diariamente 7 envases desechables no degradables, y por eso Alejandro Kahn y su socia Valentina Montenegro, se lanzaron en busca de una solución ecológica para el embalaje.

Así nació Biogusto, una startup que desarrolla envases ecológicos que utilizan como materia prima la cascarilla de arroz, que son deshechos de la industria arrocera y que no tiene otro uso específico. Su principal línea de producción en este momento es una vajilla reciclable, biodegradable y compostable. Pero las opciones son mucho más amplias.

Más allá del romanticismo

Alejandro estudió en el Instituto Hebreo y fue un participante activo y destacado en Tzeirei Amí. Tras graduarse ingresó a Ingeniería Civil Industrial en Transportes en la Universidad Católica. Sin embargo, sus primeros pasos estuvieron en las finanzas. Trabajó 10 años en mesas de dinero, en firmas como Corpbanca, Abn Amro Bank y Zurich AGF.

-¿Cómo se dio tu interés por la innovación?

-Siempre hubo interés en nuevas oportunidades de negocios y después de un tiempo comencé a buscar innovación más que importación o franquicias, aunque estudié todas las alternativas anteriores también.

-¿Qué facilidades y dificultades has tenido en tus procesos como innovador?

-Cuando alguien parte con algo tan novedoso, siempre es complejo, ya que incluso a nivel regulatorio, como por ejemplo patentes comerciales, Sesma o proveedores de maquinaria, no tienen idea de cómo proceder.

-¿Cómo fue el proceso para hacer nacer y desarrollar Biogusto?

-Me topé con Valentina Montenegro, mi socia, quien ya venía estudiando qué se podía hacer con la cascara de arroz, que es una basura industrial gigantesca, pero sin mucha proyección en ese momento. Y fue ahí cuando empezamos a ver opciones y analizar cómo generar un negocio que fuera escalable. En todos los concursos y seminarios siempre buscan tecnología tipo Facebook o Cornershop, ya que este tipo de desarrollos es más barato de hacer crecer que una fábrica real.

-¿Qué impacto tiene ese sesgo del ecosistema?

-Eso se traduce en que no hay mucho conocimiento del tema de los emprendimientos en el sector real, y ahí uno encuentra mucha resistencia. Nos ha pasado tanto en Chile como en el extranjero, incluso en gente experimentada como el Y Combinator.

-¿Qué importancia han tenido los estudios, la familia, los socios, la suerte y otros factores en este camino?

-Todo lo que uno aprende en la vida es un aporte, la familia, estudios, las experiencias anteriores etc… Hay que aplicar todo para poder salir adelante y después de mucho esfuerzo aún no se ve una luz al final del túnel. Es muy entretenido ganar concursos, salir en publicaciones, pero es solo marketing. Hasta que no haya contratos firmados y se reciban los primeros ingresos, es todo romanticismo.

-¿Qué viene ahora para esta startup, cuáles son los planes y objetivos?

-Los próximos pasos son aumentar la calidad del producto y desarrollar mejoras para que sea apto para la mayor cantidad de clientes posibles.

Sustentabilidad

“Si podemos hacer un negocio y asociarlo a mejorar nuestro mundo, o por lo menos no seguir echándolo a perder, es una gran ganancia. Seguramente faltan un par de generaciones para que esto tome vuelo en serio, pero todas estas iniciativas van abriendo los ojos de la gente y mostrando que se puede mejorar”, asegura Alejandro.

-¿Cuál es el enfoque de Biogusto para la sustentabilidad?

-El caso de las bolsas plásticas o las bombillas son un claro ejemplo del enfoque que nos interesa. No es lo que más contamina en el mundo, pero se puso de moda y llamó la atención y estamos haciendo cosas al respecto. La idea es que cada día haya más temas que nos llamen la atención para poder mejorar nuestro mundo. Hay que señalar que cada día la gente usa en promedio 7 envases desechables que terminan en la basura… Si en vez de ser de plástico, que demora 100 años en degradar, o de Plumavit, que demora 500 años en degradar, lo podemos cambiar por alternativas comportables, estaríamos logrado un claro avance para el mundo.

-Finalmente, ¿qué opinas del desarrollo del ecosistema de innovación en Chile y qué falta para mejorar?

-Va por buen camino, creo que faltan varios detalles, pero es fundamental perder miedo en las generaciones mayores, tanto de inversión como de creación de innovación, para que el ecosistema crezca y se desarrolle. Por suerte la generación más joven viene con el concepto más interiorizado y se atreve más.

Por LPI.