En Estación Mapocho:

Autores judíos sorprenden a visitantes de FILSA 2017

Las letras han sido desde siempre parte de la esencia del pueblo judío, desde el Talmud hasta los bests sellers de autores contemporáneos. Por eso, la presencia de la Comunidad Judía de Chile en uno de los principales eventos culturales del país fue todo un acierto.

El stand de la Comunidad Judía de Chile en la Feria del Libro (FILSA 2017) se ha convertido en una verdadera atracción por su contenido y atención, cuando aún quedan algunos días para el cierre de este gran evento cultural, en la Estación Mapocho.

En un amplio espacio de moderno diseño, se exponen libros de destacados autores chilenos como Carla Guelfenbein, Alejandro Jodorowski, Abraham Magendzo (Premio Nacional de las Ciencias de la Educación 2017), Andrea Jeftanovic, Patricia Politzer, Marjorie Agosin, Roberto Brodsky, Daniela Márquez, Daniela Roitstein, Andrés Gomberoff, Hernán Rodríguez, Samuel Shatz y Mario Waissbluth. Además, hay obras de escritores de renombre mundial como las de Yuval Noah Harari, Victor Frankl, Philip Roth, David Grossman, Noah Gordon, Amoz Oz, Maurice Sendak y Art Spiegelman, quienes representan la diversidad de géneros, creencias y filosofías de los judíos de distintas épocas.

El stand, que lleva el nombre de “Escritores judíos de todos los tiempos”, ha recibido importante número de visitas interesadas en conocer valores y tradiciones del pueblo judío, así como consultas por libros clásicos como los de Ana Frank, Hanna Arendt, Comics de Stan Lee, Maus, entre muchos otros.

Lo que ha generado extraordinario interés ha sido el proyecto “Tu nombre en hebreo”, a través del cual los visitantes reciben un diploma con su nombre escrito en hebreo. De hecho, distintos grupos de escolares han pasado por este espacio literario para recibir su diploma.

El Presidente de la Comunidad Judía de Chile, Shai Agosin, expresó que estar en la Feria Internacional del Libro por primera vez es una tremenda oportunidad para mostrar la cultura judía.

La presencia judía en FILSA se expresó también a través de actividades complementarias, como por ejemplo un Cuentacuentos con “Iguales a 1”, de Juan Pablo Iglesias; un encuentro de niñas con escritoras judías, a través de la fundación británica “Inspiring Girls”; la charla de Andrés Gomberoff sobre “Los Beatles y el universo”; la presentación libro “Memoria Viva”, con el fotógrafo Gabriel Schkolnick.

Judíos e israelíes

Entre los autores judíos de FILSA destacan tres que además son israelíes: Amos Oz, David Grossman y Yuval Noah Harari.

Amos Oz en la actualidad está considerado el mejor prosista en lengua hebrea moderna. Su narrativa trata las inquietudes y la diversidad ideológica de los israelíes de las diferentes tendencias políticas y espirituales que coexisten en Israel, así como la tensión y el delicado equilibrio de la sociedad en la que vive. Entre sus novelas más conocidas figuran En otro lugar (1966); Mi Michael (1968), Tocar el agua. Tocar el viento (1973), La caja negra (1987), Las mujeres de Yoel (1990); y La paz perfecta (1982).

David Grossman ha recibido entre otros los premios literarios, Grinzane-Cavour, Mondello, Valumbrosa y Sappir, además de ser distinguido con el Chevalier de l’Ordre des Arts et des Lettres de Francia. Es autor, entre otras, de las obras La sonrisa del cordero (1983), Véase: amor (1986), El viento amarillo (1987), El libro de la gramática interna (1991), Presencias ausentes (1992), Chico zigzag (1994), Entiendo con el cuerpo (2002) y La muerte como forma de vida (2003). Pero destaca sobre todo destaca por dos de sus novelas, Llévame contigo (2000) y Tú serás mi cuchillo (2005).

Yuval Noah Harari es profesor de Historia en la Universidad Hebrea de Jerusalén. Se especializó en historia medieval e historia militar, pero tras doctorarse en Historia por la Universidad de Oxford, pasó al campo más amplio de la historia del mundo y los procesos macrohistóricos. Su obra Sapiens: a brief history of humankind. (2014), se convirtió en un best-seller en Israel, y ha generado mucho interés tanto en la comunidad académica como entre el público en general. Ha convertido a Harari en una celebridad, y ha sido traducido a treinta idiomas.

Un mega evento cultural

La Feria Internacional del Libro de Santiago (hoy en su versión 37) es sin duda la fiesta de los libros y la cultura, donde autores y lectores se dan cita año a año cumpliendo con un rito esperado y marcado en el calendario de nuestras tradiciones en cada primavera, desde 1980.

Este espacio ciudadano en el Centro Cultural Estación Mapocho cobija miles de libros y cientos de sellos editoriales, representando así la exposición más grande y diversa del país. Acompañan y dan proyección a la riqueza de la Feria, las más de 600 actividades que formarán parte de su Programa Cultural, con presentaciones y lanzamiento de libros, debates, homenajes, recitales, talleres, presentaciones artísticas y musicales, ciclo de cine, cuenta cuentos y actividades especiales para niños, entre otras.

En esta versión 2017, la Feria Internacional del Libro de Santiago recibió a Italia como País Invitado de Honor, aunque para nosotros claramente los invitados de honor fueron los autores judíos expuestos en el stand de la CJCh.

“Vamos a FILSA” fue la consigna este año, no importando nada más que las ganas de estar en la fiesta cultural más grande del país.

Lamentable coincidencia

La presencia de los autores judío es FILSA 2017 coincidió con una lamentable pérdida para la cultura judía en Chile, el fallecimiento del escritor de cuentos infantiles Saúl Schkolnik.

Schkolnik nació en 1929. Estudió la carrera de arquitectura y empezó a escribir a los 48 años. Su primer libro fue Un cazador de cuentos, por el cual obtuvo el primer lugar en el Concurso Latinoamericano de Literatura infantil convocado por la UNESCO en 1979. Desde ese momento, no cesó de escribir, consiguiendo armar una extensa y variada obra. No solo publicó cuentos para niños, sino también libros de poesía y novelas. Por otra parte, en la década de 1980 fundó su propia editorial, a la que denominó Alicanto.

Los temas que propuso en sus cuentos infantiles son diversos, siendo los más recurrentes los de corte científico, ecológico, fantástico y de recreación de mitos orales chilenos o latinoamericanos. Un ejemplo de este último lo constituye Historias de tres príncipes (1993), sobre la cultura indígena del desierto nortino.

Sus principales obras son: Cuentos adolescentes para románticos (1979); Érase una vez un hermoso planeta llamado tierra (1979); Por qué los relojes hacen tic-tac; Colorín colorado, ovulito fecundado (1981); Cuentos del Tío Juan, El Zorro Culpeo (1982); La historia de Fog, un sapo como cualquier otro (1985); ¿Alop: por qué llora la princesita? (1988); El ratón forzudo y el resorte (1991); Cuentos de los derechos del niño (1993); Cuentos ecológicos (1996); Del Cuzco al Cachapoal (2001); Cuentos transversales (2002).

En 1995 obtuvo el Premio de Literatura Infantil del Consejo del Libro y la Lectura por su primer libro, El cazador de cuentos.

Con las letras en el ADN

El historiador francés Alain Finkielkraut tiene una interesante postura respecto de la literatura de autores judíos, que quedó reflejada en su ensayo “Los judíos y la literatura, el escritor no declina su identidad”, en la cual aborda la obra de uno de los autores judíos expuestos en FILSA, Philip Roth, con un enfoque que permite una amplia comprensión de la identidad judía en la literatura.

En este documento, Finkielkraut señala: “La idea de una escuela de literatura judía me molesta profundamente. La pretensión de la obra literaria a la objetividad y a la verdad se encuentra denegada a partir del momento en el que se define la literatura por su origen, cualquiera que sea, nacional, religioso o sexual. Si hubiera sólo expresión de la subjetividad individual o colectiva en la literatura, ésta no valdría la pena, ni por una hora. En la mayor parte de los judíos, la salida de la religión no se acompaña de una salida del judaísmo. Pero no debe concluirse que no hubo ruptura y que las novelas de los grandes escritores judíos están impregnadas todas, de un modo u otro, por la sabiduría de la tradición”.

Y luego agrega: “Las grandes novelas escritas por autores judíos no nos importan porque son escritas por judíos, sino porque nos revelan nuestra condición. No se trata para el escritor de declinar su identidad, se trata para él de explorar la existencia, de comprender el mundo. Philip Roth es un gran escritor americano. Los Estados Unidos son su tema mayor. “Lo que el corazón es para el cardiólogo y el carbón para el minero, los Estados Unidos lo son para mí”, confiaba en la misma charla. Por supuesto, la sensibilidad de Roth es judía, una gran mayoría de sus héroes son judíos, y esta afinidad es la que lo acerca a Malamud y a Saul Bellow, a pesar de que no pertenezcan a la misma corriente. Sin duda esta cercanía significa simplemente que, como lo escribe Leo Strauss, “el problema judío es la más sencilla y profunda ilustración del problema humano”.

 

 

 

Por LPI.