Por Rabino Ariel Sigal:

Aunque fuere ilógico

Enseña el Midrash -Shmot Rabah 36:2- que D’s instruyó a Moshé para que encendiera una lámpara en el Tabernáculo, no porque D’s necesitara la luz, sino para que los Israelitas pudieran ser capaces de dar luz a D’s así como Él entregó luz a Su Pueblo.

Se compara esta explicación con la historia de aquél hombre que podía ver y caminaba junto a un ciego. Como corresponde, el hombre que veía se ofreció a guiar al ciego. Cuando llegaron a la casa, el ciego sintiéndose en deuda, le preguntó al vidente si podía hacer algo por él. Inmediatamente, le pidió que encendiera una lámpara e iluminara su camino, de modo que el ciego ya no estaría en desventaja frente aquél hombre por haberlo acompañado en su camino.

El vidente de la historia representa a D’s, porque así está escrito en Zjariá 4:10 “porque los ojos de D’s recorren por toda la tierra”. Y el ciego es Israel, como dice Ishaiáh 59:10: “Vamos palpando la pared como ciegos, y andamos a tientas como los que no tienen ojos; tropezamos al mediodía como al anochecer, entre los robustos somos como muertos”.

El Pueblo de Israel tropezó con el becerro de oro a mediodía. D’s iluminó el camino para los israelitas después de tropezar con el becerro y los condujo, como dice Shmot 13:21 “Y el Señor iba delante de ellos de día”. Y cuando los israelitas estaban a punto de construir el Tabernáculo, D’s llamó a Moshé y le ordenó en Shmot 27:20, “Y mandarás a los hijos de Israel que te traigan aceite puro de olivas machacadas, para el alumbrado, para hacer arder continuamente las lámparas”.

El camino del ciego es buscar el beneficio detrás de la luz, pero el ofrecimiento del vidente es construir una relación de amistad, confianza y amor. El vínculo con D’s no responde a un parámetro de utilidad y a una lógica racional de correspondencia. Por el contrario, el Creador de la Luz nos eleva a una posición sin deudas, de cercanía y seguridad. Aún ciegos validemos nuestro intento para que nuestra luz arda.

Por Rabino Ariel Sigal.