Según la historia recopilada y contada por sus nietos:

Arturo Castellanos, héroe anónimo, el “Schindler” de El Salvador

Ubicados en el subterráneo del consulado de El Salvador en Ginebra, Suiza, en lo que bautizaron como “La pequeña fábrica”, el coronel José Arturo Castellanos, en el grado de Cónsul, y el Primer Secretario (cargo ficticio) de esa oficina diplomática, George Mandel-Mantello, acometieron una misión secreta que cambió la vida de miles judíos europeos. En plena Segunda Guerra Mundial, entre los años 1942 y 1946, estos dos héroes anónimos imprimieron documentos de ciudadanía salvadoreña a todos quienes llegaron a pedirlos.

Con funcionarios pagados de sus propios bolsillos e incluso contra las órdenes del Gobierno de El Salvador, montaron una imprenta casera con la que fabricaron los papeles que salvaron de la muerte de al menos 10.000 judíos. Gracias a esto, en el año 2010, Castellanos fue reconocido como un “Justo entre las Naciones”, la distinción que otorga Yad Vashem a aquellos gentiles que heroica, temerariamente y de manera desinteresada salvaron a judíos en el momento más oscuro de la historia moderna.

La hazaña comenzó con el primer judío que recibió la nacionalidad salvadoreña de parte del coronel Castellanos. Se trató de quien sería su socio –y Primer Secretario- en esta empresa humanitaria, el judío húngaro György Mandl, quien recibió la ciudadanía salvadoreña bajo el nombre de George Mandel-Mantello. Esos papeles salvaron la vida de George y de su hermano. Al ver esto, Castellanos y Mandel decidieron duplicar la documentación, ahora para los padres de Mandel-Mantello, quienes lamentablemente no la alcanzaron a recibir y fueron deportados a los campos de concentración. No obstante, esto no los detuvo en la idea de imprimir cuantos papeles fueran necesarios para salvar de la muerte a la mayor cantidad de personas posibles.

Y tuvieron éxito en su misión. Como le comentaría un sobreviviente de la Shoá a Frida Castellanos, una de las hijas del coronel, durante la ceremonia en Yad Vashem, de los papeles que ellos imprimían la Resistencia a los nazis re-imprimía varias copias. Por eso se estima que el número de beneficiados con esta operación clandestina puede haber llegado a 50.000. Así, sus nietos Boris y Álvaro Castellanos, inspirados por la historia de Arturo, decidieron el 2010 comenzar a investigarla y a contactar a todos quienes hubieran recibido los documentos de su abuelo.

Luego de dos años de investigación, visitando siete países y revisando más de 13.000 documentos, crearon el documental “El rescate”, que cuenta la historia de la hazaña de Arturo Castellanos tal como ellos la fueron descubriendo. No tuvieron oportunidad de escucharla de su propio abuelo, pero al menos sí de los sobrevivientes a los que él salvó de la muerte en los campos de exterminio nazi. Y esta fue la obra que vinieron a presentar a Santiago, en una función especial organizada por la Embajada de Alemania en Chile, el Museo Interactivo Judío, el Círculo Israelita de Santiago y la Comunidad Nueva Bnei Israel, con la particularidad de que el trabajo audiovisual fue acompañado por música en vivo interpretada por los mismos Boris y Álvaro Castellanos junto a músicos locales, destacando entre ellos la talentosísima Javiera Torres, alumna de la Deutsche Schule de 13 años, quienes interpretaron una banda sonora compuesta de música de Centroamérica y la voz incomparable de la chilena Rosita Serrano.

-¿En qué momento de sus vidas se enteraron de la historia de su abuelo y de la participación que había tenido en el salvataje de judíos durante la Segunda Guerra Mundial?

Boris: Nos enteramos desde pequeños, pero no entendíamos exactamente lo que había pasado. Nuestra abuela materna (Arturo Castellanos es su abuelo paterno) nos contó que se enteró de esta historia cuando salió en los medios salvadoreños y eso porque el escritor León Uris llegó hasta el país a buscar a mi abuelo. Crecimos y nos mudamos a Canadá por la guerra en El Salvador, y allá nos olvidamos un poco de lo que pasó. Hasta que en el año 2010 honraron a mi abuelo como “Justo entre las naciones”. Entonces fue cuando decidimos investigar y conocer más de la historia.

-¿Cómo es que León Uris supo de la hazaña de su abuelo?

-Álvaro: Fue durante su investigación para el libro “Éxodo”, él vio documentos, supo que eran de El Salvador, vio la firma de mi abuelo y llegó a hablar con él justo dos años antes de que falleciera. Luego de eso, Israel envió una delegación para entrevistarlo. Ese fue el único relato en primera persona de lo que había hecho.

-Es decir, su abuelo no alcanzó a vivir los homenajes que se le hicieron…

-Boris: Lamentablemente, no.

-Álvaro: Muchos de los sobrevivientes que entrevistamos nos dijeron durante la realización del documental que este era para ellos un filme para sus nietos, porque para ellos era muy difícil hablar del Holocausto con sus hijos, por eso querían dejar este testimonios para sus nietos, porque ellos ya podrían aprender sobre lo sucedido. Y una de las nietas que participa en el documental nos agradeció, muy emocionada, lo que estábamos haciendo, porque nosotros hemos hecho algo distinto a otros cineastas, hemos difundido la historia a medida que la hemos ido descubriendo. Este es un documental que se va desenvolviendo y que se presenta con un concierto en vivo, que es un homenaje a mi abuelo y a mi abuela, ya que ellos se conocieron en un concierto de Rosita Serrano en Alemania.

-¿Qué fue lo que los motivó a hacer este documental?

-Boris: Tenemos varias motivaciones, una de ellas es que descubrimos que entre más investigación hacíamos, más increíble se hacía la historia. Entonces, como somos artistas y tenemos la habilidad de hacer una obra de arte acerca de esta historia, que pueda alcanzar a gente joven y que se pueda difundir, nos sentimos con la responsabilidad de hacer eso para que los jóvenes puedan ver que durante tiempos muy oscuros, difíciles, también hay gente que hace lo correcto.

-Álvaro: Nosotros hemos observado el talento que tiene Javiera Torres, la violinista que nos acompañó en la proyección en Chile. Ella tiene una familia que la apoya en su arte, en lo que hace creativamente. Hay jóvenes, como Boris y yo, que no tuvieron ese apoyo, entonces para nosotros es importante difundir el documental especialmente en áreas vulnerables de Centro y Sudamérica por eso mismo.

Además, ahora que hay algo oscuro en Norteamérica, en que hay una retórica muy fea en contra de los latinos, y queremos que los jóvenes –como la misma Javiera- sepan que hay latinos que han cambiado el mundo, y no sólo el abuelo sino muchos, porque hay gente de este continente que sí se levantó contra la injusticia.

-¿Alguna vez tuvieron oportunidad de preguntarle a su abuelo, el Coronel Castellanos, por qué hizo lo que hizo?

-Boris: A mí me hubiera encantado preguntarle, pero cuando él falleció yo tenía 4 años y no podía entender la historia. Pero el proceso de hacer este documental fue como preguntarle a él aunque no esté aquí, conocerlo y saber cómo y porqué hizo lo que hizo. Yo trato de ponerme en sus zapatos y pienso cómo es que él tuvo el coraje para hacer esto, y cada vez que lo hago esto me siento más cercano a mí abuelo y lo entiendo un poco más.

-Álvaro: Mi tía Frida sí tuvo oportunidad de preguntarle, cuando llegó León Uris y la delegación de Israel a El Salvador. Y le dijo “Papá, ¿por qué no sabíamos de esto?”, aunque sabemos que algunos de los hijos mayores sabían algo. Y su respuesta fue “Cualquiera lo hubiese hecho”, dijo, aunque la historia ha comprobado que no cualquiera lo hizo.

Por Michelle Hafemann.