Orgullo de chilenos-judíos:

Aquello que nos identifica de los premios Oscar

Gran interés despertó en la colectividad el segundo Oscar para Chile, esta vez a la mejor película extranjera, con Daniela Vega como símbolo de la reivindicación transgénero, como asimismo los directores y actores judíos protagonistas de la gran cita del cine mundial.

L os Oscar 2018 concluyeron una dramática temporada de premios que llevó la diversidad de género y la igualdad a la vanguardia de Hollywood.

En un show que no se destacó por ninguna gran victoria judía, Jimmy Kimmel ofreció la 90ª entrega de los Premios de la Academia y regresó por segunda vez consecutiva para canjear el evento después del “Envelopegate” del año pasado, en el que un ganador incorrecto se anunció originalmente como la Mejor Película.

“Este año, cuando escuche su nombre, no se levante de inmediato”, advirtió Kimmel a los posibles ganadores.

Mientras que “Llámame por tu nombre”, una película rica en temas judíos, y “The Post”, de Steven Spielberg, fueron las mejores apuestas de este año para que las prominentes películas judías protagonicen los Oscar, ambas se quedaron cortas.

“Llámame por tu nombre” es una adaptación del libro del novelista judío Andre Aciman sobre un romance entre jóvenes judíos en la Italia de 1980. La película cosechó cuatro nominaciones, incluso para la mejor película y el actor principal para la actuación de Timothée Chalamet (que también es judío).
El guionista de la película James Ivory se llevó a casa el premio a la mejor adaptación para un guión, lo que lo convierte en el ganador de Óscar más antiguo que haya tenido la Academia a la edad de 89 años.

En cambio, con 13 nominaciones, “The Shape of Water”, de Guillermo del Toro fue el gran ganador de la velada, obteniendo los premios a mejor película, director, diseño de producción y partitura original. Los honores más importantes de actuación fueron para Gary Oldman por “Darkest Hour” y Frances McDormand en “Three Billboards Outside Ebbing, Missouri”.

Pero sí hubo un ganador judío oficial: la película del director Bryan Fogel, “Ícaro”, ganó para el mejor documental. La película, ahora en Netflix, es la historia del escándalo de dopaje olímpico patrocinado por el estado de Rusia. El trabajo anterior de Fogel, “Jewtopia”, es una adaptación de la comedia, convertida en película y libro, sobre el arte de salir con mujeres judías.

La estrella israelí de “Wonder Woman”, Gal Gadot, no necesitó ninguna nominación para salir vencedora de la velada. Después de desfilar en la alfombra roja con un vestido plateado y con flecos y lentejuelas, Gadot entregó el premio al mejor maquillaje y pintado junto con el actor Armie Hammer.

En uno de los fragmentos de Kimmel de la noche, reunió a un grupo de celebridades, incluido Gadot, para sorprender a verdaderos espectadores viendo una película en un teatro.

“Le trajimos algunas golosinas. ¡Esto es mucho mejor que los Oscar!”, dijo Gadot mientras la audiencia aplaudía”.

En junio, Gadot fue admitida en la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas en lo que parecía un movimiento para diversificar la membresía masculina predominantemente blanca.

Entre los grandes ganadores de este año, Kimmel destacó la necesidad de seguir luchando por una mayor diversidad de género e igualdad en Hollywood.

La periodista judía del New York Times que dio a conocer la historia de abusos en Hollywood, Jodi Kantor, asistió a la entrega de premios de este año, y aseguró que estaba allí para “dar testimonio de lo que ha cambiado y preguntar qué no ha cambiado”.

Los Oscar dedicaron un segmento a la lucha contra el acoso sexual en Hollywood. Ashley Judd, Salma Hayek y Annabella Sciorra, tres de las mujeres que acusaron a
Weinstein de conducta sexual inapropiada, se subieron al escenario para presentar un montaje de vídeo que destaca las voces de las mujeres en la industria.

En última instancia, los Premios de la Academia de este año representaron un regreso sorprendentemente ordinario a la ostentación y el glamour de los años anteriores, demostrando que corregir los problemas de diversidad profundamente arraigados de Hollywood requerirá algo más que solo señalarlos.

Temática transgénero

Bastante interés despertó en Israel el triunfo de “Una mujer fantástica”, ya que en ese país el movimiento LGBT tiene un amplio desarrollo y la temática trans ha adquirido notoriedad en los últimos dos a tres años.

De hecho, en 2016 Israel coronó su primera reina de belleza transexual. Se llama Tailin Abu Hanna, es árabe israelí, cristiana católica, nacida en Nazaret hace 21 años en el seno de una familia que la acepta y la apoya. Bailarina y cantante de profesión, partía como favorita desde que comenzaran las rondas previas, en las que compitieron 40 candidatas.

Entre sus rivales estuvieron Aylin Ben Zaken Cohen, una judía nacida en el seno de una familia ultraortodoxa de Jerusalén, y Carolin Khoury, una árabe musulmana que recientemente relataba a la agencia Reuters cómo pudo escapar con ayuda de la policía de su casa, donde sufría maltrato por su condición de transexual.

Israel es, comparado con sus vecinos, una isla de tolerancia en Oriente Próximo, donde homosexuales y transexuales se ven acosados. En 1998 fue el primer país en alzarse con el triunfo en Eurovisión de la mano de una representante transexual, Dana International, que se convirtió en todo un icono del colectivo LGTB. El año 2015 fue la estrella de la fiesta con la que el conservador primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, agasajó a la prensa extranjera en un hotel de Jerusalén.

Pero el Estado hebreo no está libre de los ataques intolerantes. Al contrario, cristianos, musulmanes y judíos conservadores religiosos rechazan con intransigencia lo que consideran “conductas desviadas”.

Experta local

Joyce Zylberberg, es directora de la Comisión Fílmica de Chile, perteneciente al Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, y desde esa posición vivió con emoción la ceremonia de los Oscar y el premio para “Una mujer fantástica”.

“Sólo recordar el anuncio del Oscar me emociona mucho. Para los que trabajamos en la industria audiovisual en Chile este era un largo anhelo, que por muchos años se veía tan lejano. Sin embargo, es la cúspide de un trabajo bien llevado a cabo que se ha desarrollado desde Chile, que dio sus primeros frutos en el 2013 con Paulina García ganando el Oso de Plata en Berlín, luego con las nominaciones de “No” y “Jackie”, y luego con nuestro primer Oscar a “Historia de un Oso” en 2016… Pero conquistar este premio en un largometraje es el equivalente para nosotros de ganar un mundial de fútbol.

-¿De qué forma has estado vinculada esta película?

-Desde la Comisión Fílmica de Chile, donde me desempeño como directora, apoyamos a “Una mujer fantástica” en todo el proceso de pre producción y producción. Nuestro soporte está relacionado a toda la tarea logística que hay detrás de un filme en cuanto a búsqueda de locaciones, gestión de estas, obtención de permisos, apoyamos con visas, etc. Tenemos una serie de convenios firmados con municipios y otros organismos públicos que facilitan mucho la labor del productor. Por eso la película está patrocinada tanto por la Comisión Fílmica de Chile como por el Consejo de las Artes y la Industria Audiovisual, que aportó un porcentaje de su financiamiento. Trabajamos con la mayoría de las películas y series de TV nacionales e internacionales que se filman en Chile, un trabajo codo a codo con el equipo técnico.

-¿Cómo se gana un Oscar, basta con la calidad de la película?

-Me parece que tras un Oscar, además de la calidad artística y el lenguaje cinematográfico de la obra, debe haber una sensibilidad respecto a los temas. Creo que la mayoría de las películas ganadoras se remiten a tramas universales, donde las personas se identifican con la historia en distintos niveles.

En el caso de “Una mujer fantástica”, pienso que si bien el personaje es transexual, encarna la lucha de las mujeres en general, por ganarse un espacio, por tener lo que corresponde, ni más ni menos. También esta película habla de perder a quienes amamos, de la muerte… ¡Y qué más universal que el duelo! También creo que influye mucho exponer esos temas en el momento adecuado.

Este es el año en que las mujeres en Hollywood levantaron la voz. Y esta película es sobre la empatía. Y por último, tanto la carrera de Sebastián Lelio como la de sus productores, los hermanos Larraín, de Fabula, ha sido consecuente y ascendente. Hoy son players en esta industria, están a un nivel altísimo y su trabajo es reconocido en Europa y Estados Unidos.

-¿Qué importancia tiene la causa política (TRANS) que está en la base de la película en los éxitos cosechados?

-Me llama la atención que la película es sutil respecto al tema, de hecho, muchas tomas que pudieran haber sido un gancho comercial no existen, no tiene tomas explícitas ni obscenas. No sabemos de la protagonista su historia, ni entra en un análisis respecto a qué la hace trans ni discute su opción sexual… Todo el enfoque se da en su presente y en la injusticia de su situación actual, generando así una empatía hacia ella enorme.

Y creo que ese mensaje de inclusión, de tolerar, por el solo hecho de que la persona es humana más allá de una justificación o contingencia, le viene bien al movimiento LGBT en este momento. Y también le viene bien a Hollywood ahora donde hay un ambiente que clama por el trato digno a las mujeres y minorías.

-Con dos Oscar ganados, ¿cuál debería ser el camino o sello del cine chileno?

-Como en esta industria la materia prima son las ideas, el camino es incierto. Me parece que si queremos seguir cosechando triunfos a este nivel no queda más que ser pioneros en enfoques. Aprovechar esta ventana de atención global para mostrar el talento, potenciar una marca e imagen de un cine chileno transversal, diverso, dialogante. Es importante ir cosechando nuevos talentos y aprovechar las redes de contacto que se abren, porque el cine es una mezcla increíble de arte y negocios, y hay que nutrir estas dos aristas.

Por LPI / El Mundo / Itongadol / Agencias.