Ingeniero de la U. Hebrea estuvo en Chile:

Amit Zorán, en busca de la fusión entre hombre y máquina

En el marco del Festival Internacional de Innovación Social 2017, el académico presentó un innovador enfoque sobre el diseño híbrido, donde se conjugan métodos artesanales y técnicas digitales, ya sea en carpintería, orfebrería y hasta gastronomía.

Amit Zorán es Ph.D. y Master en Media Arts and Science del MIT Media Lab y además es profesor en la Facultad Ingeniería y Ciencias en Computación U. Hebrea de Jerusalén. Desde hace algunos años se ha dedicado a estudia la interacción entre el ser humano y la computación. Explora los ámbitos divergentes de las tecnologías en el diseño computacional y las habilidades tradicionales talladas a mano. Sus proyectos demuestran cómo el patrimonio de diseño cultural puede contribuir a un nuevo desarrollo y generar un nuevo significado en el diseño digital contemporáneo.

Zorán participó en Festival Internacional de Innovación Social (fiiS 2017) con una interesante conferencia: Programa de Diseño híbrido: fusionado el Patrimonio Artesanal en la Práctica Digital. También disertó en la Universidad Mayor, donde detalló los alcances de esta técnica.

¿Qué puede tener en común la ingeniería computacional con las manualidades y la artesanía? Para el académico, la relación entre ambos campos puede ser casi tan estrecha como la que guarda un escultor con su cincel.

Por ello es que creó el “Design Hybrids Lab”, un laboratorio que funciona al alero de la universidad Hebrea y en el que este académico ha centrado su trabajo en el llamado “diseño híbrido”.

Según explicó Zorán, el diseño híbrido fusiona prácticas tradicionales con herramientas digitales, con la idea de rescatar los valores propios de cada soporte: la singularidad y la imprevisibilidad del trabajo hecho a mano, y la automatización y la virtualidad de las prácticas digitales contemporáneas.

De esta forma, se pueden lograr diseños que esquivan las barreras que a veces presenta el diseño tradicional, pero preservando la personalidad y el sello de cada artista.
“Más que la automatización, la característica más poderosa del diseño computacional es la capacidad de representar formas que serían difíciles de lograr en prácticas tradicionales”, sostuvo el académico, mostrando diversos productos que han resultado del diseño híbrido, como cestas de mimbre cuya estructura fue hecha con una impresora 3D, siguiendo algunas directrices matemáticas, pero cuyo interior mantuvo el trabajo manual y la improvisación de su autor.

-¿De qué forma se ha ido desarrollando este enfoque híbrido?

-Personalmente, soy ingeniero en computación y también diseñador industrial. Cuando estuve en Boston, allá hay un laboratorio multidisciplinario y el foco es desarrollar tecnología para la gente. Y ahí comencé a interesarme en el diseño tradicional, en cómo la gente trabaja con sus manos, cómo se enfrenta a un tema en forma intuitiva y emocional, y me interesé en buscar una forma de combinar esto con las ciencias de la computación, porque creo que hay aportes de los contextos personales y sociales que no debemos olvidar.

-¿Y te ha tocado ver la desconfianza de esa gente hacia la tecnología?

-Obviamente hay un tema político de por medio, porque la primera reacción de la gente es pensar que estamos tratando de cambiar su tradición en su forma de hacer las cosas. Pero para mí el objetivo es otro, es conocer sus valores e integrarlos al trabajo de las nuevas tecnologías, o sea cómo ellos pueden cambiarnos a nosotros.

-¿Y además hay un tema de resguardo del patrimonio?

-Exacto, la idea también es preservar lo que ellos hacen. Hace algunos años discutí este tema con un grupo que hacía artesanalmente guitarras acústicas, y ellos me dijeron que yo quería alterar sus instrumentos poniéndoles elementos computacionales, y yo le contesté que a estas alturas la computación, la electrónica, el plástico ya estaban dentro de todos los instrumentos y eso sólo crecerá. Entonces, lo que hay que hacer es preservar el trabajo tradicional en un contexto cada vez más industrializado.

-¿Qué líneas de trabajo estás desarrollando actualmente?

-Bueno, uno de mis intereses ahora la cocina, porque este es un elemento artesanal que nos involucra a casi todos, y usamos distintos instrumentos. Es un mercado muy grande, donde hay muchos esfuerzos por desarrollar y agregar máquinas a la cocina, y creo que esto es algo peligroso, porque si sólo agregamos las máquinas vamos a perder la cultura de la cocina. Entonces, mi idea es que podemos dar la bienvenida a las computadoras en la cocina, pero no para reemplazar al chef, sino para entregar nuevas herramientas para que el chef pueda lograr nuevas cosas. Por ejemplo, los computadores tienen muy desarrollado el concepto de pixeles en una imagen, entonces imaginemos que con esa tecnología podemos mapear los distintos elementos que tiene una comida, sabores, aromas, etc., parta planificar o reproducir un plato con mayor facilidad.

-¿Qué hacen en tu laboratorio con los descubrimientos, se comercializan?

-Lo que nosotros hacemos es investigación, somos académicos, no pensamos a corto plazo, tratamos de crear, no de hacer dinero como una empresa. Entonces, yo me preocupo solamente de la innovación, no de los productos específicos que se puedan patentar y vender. Por eso, mi enfoque es pensar qué aporte puede hacer la computación en un campo específico, que no se pueda lograr con ninguna otra herramienta. Y no me limito por consideraciones económicas.

Por LPI.