Por Gachi Waingortin:

¿Al César lo que es del César?

Al vivir en una sociedad cristiana solemos citar frases que no necesariamente reflejan el punto de vista judío. “Al César lo que es del César y a D´s lo que es de D´s” es una de ellas. ¿Qué podemos decir los judíos sobre este tema?

La mishná 8 del tercer capítulo de Pirkei Avot presenta una cita de Rabí Elazar de Bartotá que dice: “Dale a D´s lo que es Suyo, ya que tú y lo que posees pertenecéis a Él. Pues así dijo David (Crónicas I, 29:14) “Todo viene de Ti, y lo que Te ofrecemos a Ti pertenece”.

A D´s lo que es de D´s; el César no está contemplado. D´s lo ocupa todo, lo posee todo. ¿Qué significa que todo es de D´s, aun nosotros mismos? ¿Afecta esto nuestro libre albedrío?

Pertenecer a D´s no significa que Él controle nuestras decisiones. Somos Su propiedad, pero no sus títeres. El judaísmo siempre ha valorado el libre albedrío como base filosófica de la responsabilidad humana. Sin tal libertad, toda nuestra visión de mundo se desmoronaría. La idea de que pertenecemos a D´s debe ser entendida de otra manera.

La concepción que los clásicos tenían de D´s es la de un ser absolutamente perfecto, inalterable y autosuficiente. Según Abraham Joshúa Heschel, el del judaísmo es un D´s apasionado, que necesita al ser humano, Se revela a él, le manda Sus profetas para que reciban Su mensaje. Se preocupa por su bienestar, tiene planes y un proyecto para el mundo que ha creado y necesita al ser humano para poder lograrlo. Sentir que pertenecemos a D´s debería darnos un sentimiento de responsabilidad ante la misión que se nos encomienda y de humildad ante nuestras limitaciones y Su grandeza.

Hay un relato que trae Elie Wiessel en uno de sus libros, donde el hombre se queja ante D´s por su condición limitada y falible. D´s le responde que ser dios es tremendamente pesado, que a veces envidia la liviandad del ser humano. El hombre sugiere entonces que intercambien lugares por veinticuatro horas, para que cada uno experimente lo que es ser el otro. D´s accede, pero cuando se cumple el plazo, el ser humano, ahora todopoderoso, se niega a devolver Su lugar a D´s. Y desde ese momento, tenemos a D´s exiliado de Su trono de gloria, y al ser humano creyéndose omnipotente y jugando a ser dios. Se ha cumplido la advertencia de la serpiente (Bereshit 3:5): “Y seréis como dioses”. Nos creemos dueños de la vida y de la muerte, tanto la nuestra como la de los demás. Rabí Elazar de Bartotá nos sugiere que recuperemos el lugar que nos corresponde. Al hombre lo que es del hombre y a D´s lo que es de D´s, aunque no sea mucho lo que le toque al ser humano en el reparto.

Hay dos instancias en las que debemos evaluar nuestra relación con el Creador. Si nos va bien, esta pertenencia a D´s nos dice que no somos autosuficientes, que lo que hemos logrado no es mérito nuestro únicamente, sino que D´s nos ha permitido vivir, nutrirnos, luchar y lograr nuestras metas. Leemos en Deuteronomio 8:17: “Cuídate, no sea que construyas casas y tengas bienes, y digas en tu corazón: Mi mano y mi poder me hicieron esta riqueza”. Debemos agradecer y atribuir a D´s todos nuestros logros. Humildad y gratitud son dos sentimientos que, al colocarnos en una categoría inferior, nos enaltecen.

Y si nos va mal, D´s se transforma en una fuente de sentido para nuestro dolor. Negar a D´s no hará que el sufrimiento acabe: igual sufriremos, pero más solos. La presencia de D´s en nuestra agenda nos ayudará a plantearnos un para qué, a buscarle un sentido a nuestra situación, sentido que sería inútil buscar en un mundo sujeto al azar.

Todo es de D´s, aun nosotros mismos. Saberlo nos baja de la omnipotencia y nos devuelve la humildad. Si tuviéramos que buscar una cita que sustente esta idea, además de la que nos trae la mishná, sería “ki Li kol haaretz”, “porque Mía es toda la Tierra” (Levítico 25:23). La Tierra es de D´s, y nosotros somos Sus inquilinos. En el Birkat Hamazón decimos: “Hu noten léjem lejol basar”, Él da pan a todo ser viviente. La pobreza no se debe a una falla de D´s, sino a la mala distribución de la riqueza que hacemos los seres humanos.

Hasta acá podemos entender que todo pertenece a D´s. ¿Y el César? ¿Estamos en presencia de dos ámbitos diferentes, el del César y el de D´s? El ámbito espiritual y el ámbito político ¿se contraponen o se complementan? Evidentemente no podemos negarnos a pagar impuestos aduciendo que sólo nos debemos a D´s. D´s da sentido a nuestras vidas pero no construye hospitales. En el Talmud (Guitín 10 a) Shmuel dice: “Dina demaljuta, dina”, la ley del reino, la ley del país, es ley. Esto significa que, como cualquier ciudadano, el judío debe observar y respetar las leyes del país donde vive. El César sí existe.

Entonces, ¿cómo resolvemos esta contradicción aparente? Dar al César y a D´s no son necesariamente conceptos antagónicos. Que lo sean o no dependerá del César, de la calidad del poder político. Si lo que le doy al César se desvía para aumentar su cuenta bancaria, hay un problema: algo que era para D´s se está perdiendo de D´s. Pero si pago impuestos que servirán para construir caminos, puentes, escuelas, entonces lo que le doy al César ayuda al proyecto de Tikún Olam, y el gobierno es sólo un intermediario para entregar a D´s lo que es de D´s.

Al César lo que es del César y a D´s lo que es de D´s. Si todo es de D´s, tanto el poder político como el espiritual pueden y deben ser herramientas para mejorar el mundo. Con humildad, con gratitud y entendiendo de que todo lo que hacemos, al ser de D´s, es trascendente.

Por Gachi Waingortin.