Por Rabino Ariel Sigal:

Abra Cadabra

Lo que ahora son las palabras de los magos en comedias y shows magistrales, alguna vez fue el estándar de moralidad que impregnaban los hijos de Israel. El mundo de la Torá y el Talmud corresponden a un marco en donde las palabras son importantes, en el que lo que decimos crea una obligación mandataria.

La Torá plantea una expectativa muy diferente, en la que la palabra de una persona crea un compromiso inquebrantable, tan grande como la correlación entre la promesa y la acción. Matot-Masei, habla de los votos hechos por un hombre adulto, por una hija, una esposa y una viuda. En cada caso, la Torá proporciona pautas para comprender cómo se puede hacer un voto y cuándo se puede anular sin la incursión de culpabilidad por su violación.

“Abra cadabra”, se creará en mis palabras. Es decir, el mandato de convertir las palabras en realidad. Una expresión aramea, en donde se justifica que él hace lo que habla. Los votos -nedarim- fueron tomados tan en serio que los rabinos miraron con gran desfavor prometer, ya que su violación se consideró un asalto contra D´s. El Talmud registra la opinión “quien hace un voto, es como si uno ha construido una bamah -un altar de sacrificios-, y si uno no cumple los votos, es como si se hubiese sacrificado idolatría sobre él”. Precisamente porque las palabras cuentan, los rabinos desalentaron hacer promesas que podrían no mantenerse.

La ley judía extiende la responsabilidad de los votos a cualquier persona cuya intención coincida con sus palabras. La intención, la expresión y sobretodo la moralidad que conlleva, deben estar fundidas en el acto vinculante de hablar para crear. En el Midrash de Sifrei Zuta se grafica con nitidez. Un niño se acercó a Rabí Akiva y dijo: “Rabino, ya empeñé mi palabra”. Rabí Akiva preguntó: “¿Quizás la dirigiste al sol o a la luna?” El niño respondió: “Rabí, no te preocupes, prometí a quien los creó”. Rabí Akiva dijo: “Ve, hijo mío, tu voto es válido”. No son palabras de magos, es tomar consciencia que lo que se expresa tiene el potencial de crear todo un mundo o simplemente profanarlo.

Por Rabino Ariel Sigal