Por Gabriela Rosenzweig

A veces, no debemos esperar…

Gran parte de la vida nos la pasamos esperando. Esperamos en las colas de las cajas de supermercado, o para entrar al cine o al teatro, esperamos nuestro turno en el banco o en la isapre, esperamos que nos atienda el médico o el dentista, o que venga el garzón por nuestro pedido en el café o el restaurante.

También esperamos que nos contesten un WhatsApp o el mail que mandamos, o quizás la llamada al celular que hicimos. La mayoría de las veces la espera es fructífera. Finalmente nos atienden o responden nuestro requerimiento. A veces, las menos, la espera no lleva a nada.

El pueblo hebreo en el desierto también tuvo que esperar. Al salir de Egipto debió transcurrir un periodo de 49 días hasta recibir la Torá en el Sinaí.

¿Por qué no recibir la Tora inmediatamente?

Al salir de Egipto ese pueblo esclavo, recién liberado debía ascender espiritualmente para prepararse al evento supremo de la revelación, y para ello era necesario esperar. Ese periodo que media entre Pesaj y Shavuot y que estamos transitando en estos días es el conocido como el tiempo de la sefirá o la cuenta del omer.

Sin embargo a veces la espera es una decisión nuestra, y es una decisión que no debería acompañarnos. La Tzedaká, entendida como la mitzvá de ayudar al prójimo necesitado, a diferencia de la mayoría de las mitzvot, no tiene una brajá que se pronuncia previa a su cumplimiento. Cuando le damos Tzedaká a un necesitado no decimos nada… simplemente se lo damos, cumpliendo la mitzvá de esa manera.

Hay distintas explicaciones que se da acerca de por qué no hay una bendición previa. Una de ellas es muy significativa y se atribuye a un personaje del Talmud llamado Najum ish gam zu. Cuenta el Talmud que Najum viajaba en dirección a la casa de su suegro con tres asnos, uno cargado de comida, otro de bebida y uno con alimentos más delicados. Repentinamente un hombre pobre se acercó y le pidió comida. Najum le pidió que esperara hasta que descargara el asno. Pero antes de desmontar el asno, el hombre falleció.

Najum no tenía que esperar en ayudar al pobre, y por ello algunos sostienen que la mitzvá de tzedaká es de tal urgencia que no debemos perder tiempo ni siquiera con una brajá.

En este caso esperar no nos lleva a nada fructífero. El concepto que el que necesita no puede esperar, es tan antiguo como el Talmud.

Cuando se es joven se dice esperaré hasta que tenga trabajo para dar, luego cuando se tiene trabajo esperaré hasta casarme para contribuir a tzedaká, luego de casarse esperaré hasta que ahorre para una casa, luego cuando tenemos casa y familia esperaré hasta que mis hijos terminen su educación, luego ya jubilamos y no tenemos ingresos y seguimos esperando, una espera que nunca terminará.

Para dar tzedaká…. no debemos esperar.

Por Gabriela Rosenzweig

Directora Ejecutiva Reshet