Documentos desclasificados y testimonios inéditos:

50 Años de la Guerra de los Seis Días

Mientras en Israel se conocen nuevos antecedentes de este episodio histórico, en Chile, algunos ex voluntarios se reunieron para rememorar el rol que les tocó desempeñar en los kibutzim, sustituyendo a los soldados que estaban en el frente.

La Guerra de los Seis días es conocida en el plano militar como una de las campañas más exitosas realizada por un país que se encontraba en desventaja numérica., sin embargo, antes de este episodio en Israel reinaba la preocupación.

Según un artículo publicado este fin de semana en La Tercera, los documentos desclasificados hace algunas semanas por el Archivo de Israel, revelan que en la víspera der la guerra se temía que la existencia del país podía estar en peligro.

Esta confrontación de Israel con Egipto, Jordania, Siria e Irak, tuvo su punto de partida en los movimientos del gobernante egipcio Gamal Abdel Nasser, al militarizar su frontera con Israel y bloquear los estrechos de Tirán, impidiendo el paso de las naves israelíes hacia el puerto de Eilat.

La documentación desclasificada señala que el entonces jefe del Estado Mayor del Ejército israelí, el general Yitzhak Rabin propuso lanzar un ataque preventivo contra Egipto, porque “en caso contrario, la existencia de Israel estará en peligro y podrá enfrentar una guerra difícil, dolorosa y con muchas víctimas”. En tanto, el primer ministro Levi Eshkol le dijo al resto del gabinete que tenía miedo de “una verdadera masacre”, y el ministro de Defensa, Moshé Dayan advirtió que “hay un límite en nuestra capacidad para derrotar a los árabes”.

Según La Tercera, al día siguiente, el éxito de la primera jornada de guerra diluyó los temores iniciales y reinaba tal optimismo que Dayan ya aseguraba que “es posible ocupar toda Cisjordania llegar a Shram el Sheij. También es posible llegar al Litani en Líbano. Tal vez más que eso…”. En tanto, el ministro de Trabajo, Yigar Alon, ya proponía anexar a Israel la Ciudad Vieja de Jerusalén, cuando aun no se controlaba. Por su parte, ell canciller de Israel, Abba Eban, llegó a sostener que “en la historia de la humanidad no ha habido ningún éxito como el que Israel acaba de experimentar. Israel se expande y el mundo aplaude”, pero un día después en forma más reposada, el mismo Eban sostenía que estaban sentados sobre un “barril de pólvora”, en referencia a la situación que quedaba en sus manos con los territorios ocupados de Cisjordania y la Franja de Gaza”.

Espíritu sionista

La sensación de preocupación por el futuro del Estado Judío llevó a voluntarios de todo el mundo a viajar a Medio Oriente, para colaborar principalmente en actividades humanitarias, educativas y médicas.

Y Chile no fue ajeno a esta situación, tal como relata Rivka Bortnick, quien ha logrado reunir a varios voluntarios que estuvieron presentes en este episodio histórico.

“Como activista juvenil sionista, en Betar, consideré que mi deber era ir en ayuda de Medinat Israel, ante una guerra que no había muchas posibilidades de ganar. El país sólo tenía 19 años, de sacrificio, tensiones, y guerras. Me fue imposible seguir la vida con su rutina normal, congelé la universidad, pedí permiso en mi trabajo en Keren Hayesod y partí, llena de ideales y sueños. Decidí ir a un kibutz de Hashomer Hatzair, y llegué a Kibutz Gvulot, al lado de la Franja de Gaza, muy pequeño y con todos los varones movilizados. Sólo había 23 mujeres, con todo el trabajo agrícola y de construcción para las necesidades de la zona”.

Rivka recuerda que colaboró construyendo trincheras, caminos, casas, etc. “También sembramos y cosechamos, trasladamos pollos, e hicimos guardias nocturnas. Más tarde, cuando empezaron a desmovilizarse los varones del kibutz, ayudé a la dentista también voluntaria chilena Cata Gorodischer. Ahí conoció a nuestro capataz uruguayo, David, quien me casé dos años más tarde y tenemos 2 hijos y 5 nietos”

“La experiencia fue inolvidable -recuerda-, y fortaleció mi inmenso deseo de vivir en Israel, ilusión que marcó mi vida por largos años, hasta que nació mi primer nieto, y debí asumir, con mucho dolor y los pies en la tierra, que ya era tarde para realizar ese sueño. Pero he tenido una activa vida en el Movimiento Sionista chileno, active durante años en Federación Sionista de Chile, he sido delegada a muchos congresos sionistas, por votación, y sigo haciendo hasbará en marco comunitario y fuera de él”.

El marido de Rivka, David Berkovich, voluntario de Uruguay, recuerda que activaba en Hashomer Hatzair, que su hermana vivía en Eretz Israel, y que el país estaba en peligro inminente.
“Decidí ayudar como voluntario. Me asignaron al Kibutz Gvulot, cerca de Gaza, el cual sufría ataques constantes. Los trabajos fueron varios y me asignaron sadran avoda (capataz) de los voluntarios. Construimos caminos, trincheras, y casas, además de otras actividades como sembrar cebollas, atender partos de vacas y ovejas, y hacer guardias nocturnas”.

“Haber sido voluntario en la Guerra de los Seis Días me permitió conocer a mi esposa, con la que tengo 2 hijos y cinco nietos. En lo humano e identidad judeo sionista, comprendí el inmenso esfuerzo que se hacía para fortalecer el Estado Judío, que tenía menos de 20 años. Motivó mi vida entera a la causa sionista, para la que seguí trabajando como azkán durante 42 años, en el Keren Hayesod de Chile, activé en Federación Sionista de Chile, ayudando a las tnuot de mis hijos, en su momento, y aportando donde se necesitara ayuda”.

Otros voluntarios

Eduardo Brenner había cumplido recién 20 años cuando partió rumbo a Israel. “En esos días, en todas las oficinas, clubes e instituciones relacionadas con la comunidad judía, el tema más importante era la guerra que se avisaba y que se necesitaban voluntarios. Así, de tanto escuchar y comentar con mis amigos, decidí ser actor y no sólo auditor, y me inscribí para partir a lo que fuera necesario y ser parte de este desafío que afortunadamente tuvo un rápido final”.

Brenner asegura que haber sido voluntario para Israel fue y sigue siendo una de las mejores e inolvidables experiencias de toda su vida. “El rol que nos tocó cumplir fue el reemplazar a los soldados en los kibutzim en toda clase de actividades, especialmente agrícolas o industriales, ya que ellos habían partido a los campos de batalla. En Israel me quedé un año, aprendí algo de hebreo, que todavía lo practico, y de ahí me fui a Europa, donde pase otros 6 meses.

Por su parte, Tiberio Yosif Klein relata que cuando comenzó la Guerra de los Seis Días en junio de 1967, miles de jóvenes judíos en todo el mundo acudieron a las embajadas de Israel y comunidades para ofrecerse como voluntarios. “Yo estaba estudiando y trabajando, pero dejé todo de lado para ir, no podíamos abandonar a Israel en este momento de peligro. Mi familia siempre fue muy sionista y participativa, yo también, así que actué de acuerdo a mis convicciones”.

Yosif estuvo en un kibutz al lado de Beit Shean, supliendo la falta de mano de obra de quienes estaban en el ejército. “Trabajé con el algodón, recolección de remolachas, aceitunas, pavos, gallinas, en el establo, recogiendo y enviando peces de las piletas de los criaderos de pescado. Había que hacer guardia armados con Uzi, porque estábamos al lado de la única frontera con país árabe, Jordania, desde donde disparaban de vez en cuando y entraban terroristas. Después entré al ejército como voluntario…

“Fue una experiencia inolvidable, porque se produjo una conexión férrea con Israel. Las amistades forjadas con otros voluntarios de tantos países lejanos con los que nuestro judaísmo nos hacía hermanos fue la base de lo que continuó siendo un trabajo sionista en toda actividad en la que me involucré el resto de mi vida”.

Un caso algo distinto es el de Olga Weisz, quien emigró a Israel en 1964. “Mis vivencias son muchas, variadas e intensas: las ambulancias sacando sangre a los voluntarios para los posibles heridos, los niños llenando sacos de arena, las mujeres haciendo cursos de primeros auxilios, todos pendientes de la radio sabiendo que en cualquier instante podía comenzar la guerra Durante toda la semana debí correr todos los días entre las sirenas anti aéreas para presentarme a la base. Estaba embarazada, pero no lo comuniqué, pues prefería hacer algo que estar sentada en un bunker”.
Olga pasó momentos angustiosos. “Estuvimos de boca en el suelo con mi hermano, madre y vecinos con las manos tras la cabeza mientras duraban las sirenas y escuchábamos el sonido de las bombas sobre nosotros, en fin son tantos los recuerdos. Una mezcla de miedo, angustia y fervor patriótico, ya que perder nuestra tierra es impensable, tanto ayer como hoy”.

Finalmente, David Galatzan pasó diez meses en el kibutz Dafna, trabajando en casi todas las instalaciones del kibutz.

“Por la tradición de mis antepasados me sentí necesitado por Israel. Fue una experiencia que marcará el resto de mis días en lo humano, y conocer los verdaderos valores del pueblo de Israel. Como músico, tuve la suerte de conformar una banda que acompañó a los soldados en los territorios ocupados notablemente por Israel, conociendo y conocer de cerca la valentía del ejercito”.

Voluntarios que residen en Chile, de izq. a der.: Analia Stutman (Moderadora charla en Limud 2017), voluntarios Olga Weisz, Tiberio Yosif, Rivka Bortnick, David Berkovich, David Galatzan y Eduardo Brenner.

Voluntarios que residen en Chile, de izq. a der.: Analia Stutman (Moderadora charla en Limud 2017), voluntarios Olga Weisz, Tiberio Yosif, Rivka Bortnick, David Berkovich, David Galatzan y Eduardo Brenner.

 

Por LPI