Benjamín Tratjman, coach en Recursos Humanos y autor:

47 historias para inspirar la vida personal y profesional

Para Benjamín Trajtman, las historias son un elemento central y han estado presentes en su vida desde muy temprano. Ya sea para participar de un ámbito social, abordar un tema a nivel familiar o incentivar a un colaborador de una organización a cambiar de actitud, una historia -bien contada y reflexionada- es una gran herramienta de comunicación. Es por eso que en “47 historias inspiradoras. Storytelling” (RIL Editores, 2018) Trajtman ofrece la oportunidad de aprender a usar y aprovechar las historias para el crecimiento y desarrollo personal, para convertirlas en un elemento de liderazgo, para motivar cambios y fundamentalmente, para inspirar.

Ingeniero Textil de la Universidad de Santiago y diplomado en Prevención de Riesgos de la Universidad Católica, el autor –que anteriormente ya había publicado “Quédate conmigo”, libro de poemas editado por La Trastienda el año 2011- lleva 40 años liderando la empresa consultora en Recursos Humanos y capacitación CENAC Group. Y desde esta posición, en la asesoría a profesionales de alto nivel y en las conferencias que ha dictado en distintos países, así como en el activismo en instituciones comunitarias como Maccabi Hatzair y B’nai B’rith Chile, siempre ha tenido oportunidad de contar y escuchar buenas historias, algunas de las cuales se recogen en este libro.

“Se lee en un rato, es un libro liviano y fácil de leer. La gente lee muy poco en Chile y básicamente quiero entusiasmar a la gente a que lea”, señala Benjamín sobre el texto que presentará el próximo 19 de marzo en el Mercaz a cargo del Departamento de Extensión Cultural, añadiendo que lo que busca es abrir espacios para conversar y reflexionar. “El libro cierra con una historia de un niño sentado en un parque, en un columpio, esperando a que alguien le de vuelo. Y pasa alguien y le da vuelto, entonces el niño estira y recoge, estira y recoge. Lo que este libro pretende es darte vuelo, eso es lo que busco, yo te doy el empujón y después tú sigues”, agrega.

-Hablemos de su trayectoria profesional, ¿cómo llegó de la ingeniería textil a ser consultor en Recursos Humanos y especialista en capacitación?

-Yo siempre he tenido la habilidad de anticipar el futuro, y esto en el campo financiero y en el organizacional; me resulta muy fácil entrar a las organizaciones y observar cuáles son las situaciones que tienen y a partir de ahí plantear soluciones prácticas, sencillas, rápidas y útiles. Empecé a trabajar en prevención de riesgos como consultor en todo tipo de empresas y me di cuenta de que sin capacitación, que casi no existía en Chile, la capacidad de reducir los accidentes era muy básica. Ahí me empecé a meter en el tema y empecé a descubrir, que a medida que hacíamos capacitación ayudábamos a las empresas a bajar sus índices de accidentabilidad, lo que hoy día resulta bastante obvio pero en esa época nadie lo había relacionado. Y llegó un punto en que me di cuenta de que capacitación en prevención de riesgos no era la solución total, que esto pasaba por temas de liderazgo, de supervisión, de actitud, de superación, y entonces empecé a meterme también en esos temas y a mezclar esto en mis programas de entrenamiento. Hoy mi empresa, CENAC Group, cumple 40 años. Y han sido 40 años de creación e innovación permanente, lo que me ha llevado también a adentrarme en el coaching de negocios.

-En el libro, en el prólogo, dice que contar historias es una habilidad tuya de mucho tiempo, quizás antes de que se comenzara a usar el concepto de “storytelling”.

-Así es. Tal como pongo en el libro, yo iba a los campamentos de Maccabi y pasaba que habían fogatas en que la gente tocaba guitarra y cantaba, o contaba chistes, y esas eran dos habilidades que yo no tenía. Entonces me puse a pensar qué hago para tener visibilidad, o tener alguna conquista, e inventé un cuento que conté fue muy bien recibido. Desde ahí, sin darme cuenta, seguí contando historias. He tenido la suerte de dictar seminarios fuera de Chile, especialmente en América Latina, y me pasaba que cuando volvía a los países dos o tres años después, y la gente se me acercaba a decirme que recordaban una historia que yo había contado y que les había cambiado la vida, la mirada de las cosas o los había empujado a tomar una decisión, y me agradecían. Y a partir de eso empecé a descubrir, en especial cuando empecé a dar coaching, que una buena historia, bien elegida, te permite mirar las cosas de diferentes perspectivas y que a través del storytelling puedes contar una historia, instalarla en la mente de una persona, que ésta la elabore, la piense y construya su propia historia.

-¿Y cómo nació la idea de este libro?

-También de manera inconsciente. Estaba en la fila del Banco Santander, donde trabaja mi hijo Xavier, que hizo la ilustración para la portada del libro, y vi que tenía para mucho rato, y dije “Voy a escribir una historia”. Después iba en el Metro y escribí otra. Luego otra esperando a un cliente. Y empecé a juntar estas historias. Este libro, además, lo escribí en el celular. Llegué a un punto en el que tenía 100 historias, pero pensé que eso no alcanzaba y por eso incluí una primera parte en que explico por qué hay que contar historias, después cómo hay que contarlas y luego donde buscarlas, para finalmente agregar un anexo con el cuál las personas pueden prepararse para contar historias. Y elegí 47 de las 100 historias que tenía, viendo cuáles me servían para los objetivos que quería y que no fueran historias que la gente ya conociera, Y las historias las complementé con reflexiones. Y así llegue a ésta, que es la versión número 23 del libro, después de tres años y medio de elaboración. Fue muy trabajado para transformarlo en algo que fuera fluido, grato y liviano de leer.

-Es muy interesante en el libro que Ud. plantea distintas opciones de aplicación de las historias para distintos ámbitos, como la empresa, la familia o una organización voluntaria.

-Eso fue algo que se fue dando. Este libro se construyó desde las conversaciones con la gente, de cada conversación yo sacaba ideas e iba anotando, y al comienzo partí con el tema organizacional, empresarial, con el cual estoy relacionado, pero por otro lado me empezó a pasar que en los cafés de los seminarios la gente se me acercaba y me contaba que tenía un problema con un hijo o una hija, y entonces ahí yo empecé a aplicar algunas de estas historias para ayudar. Y ahí incorporé el tema familiar, e incluso en el libro yo tengo una especie de “ping-pong” permanente porque digo “Esto es para las familias, esto para las empresas”.

-¿Le parece, además, que en el judaísmo las historias tienen un rol fundamental?

-Así es. Por ejemplo, todas las semanas cuando leemos la Parashá contamos una historia. Somos especialistas en eso y no lo llevamos al mundo gentil. Por eso yo traté de hacer un libro súper neutro y lo hice conscientemente, para que la gente cruzara mundos.

 

Por Michelle Hafemann