Desde el sacrificio de Abraham hasta las extravagancias de Ralph Lauren (Ralph Lifchitz), esta historia económica destruye los mitos sobre el papel de los judíos en la economía y esboza una idea polémica: los judíos desarrollaron la base del capitalismo.

Los Judíos y el mundo del dinero

Por Joyce Ventura Nudman

Isaac y Jacob, los Rothschild, los Guggenheim, Bugsy Siegel, (comerciante de licores en el mercado negro de Chicago), Levi-Strauss, los hermanos Warner, (productores de cine), forman parte del mapa de la historia económica judía que se inicia con Adán y que culmina con Milton Friedman, pasando por el economista inglés David Ricardo y Karl Marx. Una trayectoria que está cruzada por la negación y la sangre. No por nada la palabra hebrea dam, sangre, sirvió para designar también al dinero; asimismo, el sacrificio de Isaac es uno de los actos económicos más simbólicos de la Torá, pues se trata del intercambio entre lo más valioso: el hijo, por lo más apetecido: la confianza de D’s.

Contra la imagen negativa que la humanidad propagó del judío como usurero, en "Los judíos, el mundo y el dinero, Historia económica del pueblo judío", el autor judío francés Jacques Attali (Fondo de Cultura Económica, 2005) parte de la premisa que dicha labor fue imprescindible para el progreso humano. La marginalidad y precariedad dada por la imposibilidad de arraigarse de los judíos les permitió "enmendar el mundo", pues ninguna de las sociedades sedentarias habría podido sobrevivir sin nómadas que asumieran los riesgos y transportaran mercancías, ideas y capitales.

Sin embargo, si los judíos hicieron el trabajo "sucio" no fue porque lo eligieron sino porque les fue impuesto. UNO: de acuerdo a la Torá, no es deseable ser asalariado, "mejor es hacer el shabat un día laborable que depender de los otros". DOS: la mayoría de los oficios, así como la adquisición de tierras, les estaba prohibida en los lugares donde residían. TRES: mientras los griegos, romanos y cristianos no podían prestar a interés, la Torá lo permite, aunque no a judíos. CUATRO: una de las premisas de la Torá es que los judíos nunca están mejor que cuando los demás prosperan, y el préstamo a interés es una labor sumamente requerida por quienes, aunque mal, los acogen. Los judíos fueron tolerados mientras eran necesarios, lo cual sucedía más de lo que querían; tras expulsarlos se veían obligados a volverlos a llamar. Los nazis, previendo la indisoluble función que cumplían, se negaron a expulsarlos y optaron por la solución final.

Según la Torá, la riqueza es en gran medida deseable para servir mejor a D’s. Y mientras es afortunado quien tiene dinero, la pobreza es percibida como un mal que se atribuye a alguna trasgresión de la ley. El desprecio judío al dinero y al capitalismo es por lo tanto producto de las miserias que debieron pasar a causa de las imputaciones (falsas por lo genéricas) de acumulación de capital.Tras las persecuciones y matanzas que culminaron en el Holocausto, los judíos desarrollaron un odio a su papel en la economía, y fueron absorbiendo las concepciones griegas, cristianas, marxistas, y hasta del psicoanálisis,

en contra del dinero; Freud recomendaba el pago al psicoanalista como un modo de deshacerse del execrable excedente.

Pero la historia de la humanidad ha ido dando la razón a la Torá. Primero, con la aceptación del cristianismo de la actividad bancaria como necesaria; luego, al permitir el protestantismo el préstamo a interés a los propios pastores; y, en la última década del siglo XX, al demostrarse que el capitalismo con énfasis en lo social (tzedaká) es el sistema que mejor ha prosperado.

 

Salvo algunas excepciones, como la crítica a la globalización, los judíos han dejado de ser blanco del ataque económico. Además, con la tendencia mundial de las multinacionales, donde no hay concentración de la propiedad, ninguna empresa de carácter mundial puede ser considerada plenamente judía. Walt Disney Company, por ejemplo, pese a que sus principales dirigentes son judíos, no es una sociedad judía; lo mismo ocurre con Time Warner, Warner Music, ABC, CBS, Microsoft. En Hollywood, Goldwyn Pictures sigue siendo, con la NBC (dirigida por el hijo de David Sarnoff), pero es la única empresa de origen judío todavía dirigida por un descendiente del fundador (el hijo de Samuel Goldwyn).

En la prensa escrita, el grupo Newhouse (fundado por Samuel Newhouse, nacido en Rusia en 1895, y dirigido por sus hijos Samuel y Donald) controla veintiséis periódicos, casas de edición y revistas (Vogue, Vanity Fair, New Yorker), sin que sea específicamente judío, al igual que el New York Times, que todavía pertenece a la familia Ochs y sigue siendo dirigido por el bisnieto del primer propietario. El Washington Post sigue perteneciendo a la hija de Eugene Mayer, llamada Kathy Graham, cuyo hijo dirige actualmente el grupo, propietario también de Newsweek.

En Londres, la agencia Reuters, pese a su origen, jamás tuvo características de una agencia específicamente judía. Asimismo, muchos bancos creados por judíos europeos que desaparecieron con el nazismo, no resurgieron de los escombros.

El banco Philippson de Bruselas no recuperó su nombre, hoy es el banco Degroof; el Deutsche Bank –que no menciona en su biografía oficial el judaísmo de su fundador, Ludwig Bamberger- y el Dresdner Bank –que, por su parte, no lo oculta- ya nada tienen de judíos.

Pese a cantidad de información contenida en el libro y al aporte que significa para la historia judía la salida a la luz de tantos agravios y falsedades (como por ejemplo el antisemitismo de Max Weber y su falsa idea de que los protestantes crearon el capitalismo), el ensayo de Attali tiene deficiencias importantes. Por ejemplo, la ausencia inexplicable de pensadores judíos relevantes como Karl Popper o economistas como Milton Friedman, Paul Samuelson, Franco Modigliani, Robert Solow, Harry Markowitz, Merton Miller, Gary Becker, Robert Merton, Joseph Stiglitz, y otros Premios Nobel en economía, (el 38 por ciento de dichos premios ha sido de autores judíos).

Por otro lado, la usura no fue la única actividad prohibida que los judíos absorbieron. En Polonia, por ejemplo, desarrollaron una importante industria criminal que no está consignada en el libro.

Attali pasa por alto la tendencia de los historiadores de dar espacios cada vez más amplios a lo popular y, como los clásicos más estructurados, se centra en los poderosos para no salir de ellos; aunque se preocupa de aclarar varias veces que la mayoría de los judíos europeos eran artesanos, campesinos, o se dedicaban a servicios pequeños, no habla, por ejemplo, de los métodos de sobrevivencia de los ropavejeros o los buhoneros.

En las quinientas páginas que comprende el texto no hay una sola línea para la economía autárquica de los shtetls, y muy poco para los movimientos revolucionarios o progresistas en los que participaron destacados intelectuales y artistas judíos.

No obstante, donde el autor se destaca es en las conclusiones. En su desplazamiento, los judíos aprendieron a valorizar el tiempo, de eso se trata la usura, y a prever las crisis, que es donde radica su genio económico. Paradójicamente esta característica de forzada movilidad ha sido fundamental para explicar su sobrevivencia. De ahí que si bien la riqueza es beneficiosa (permite la innovación y el desplazamiento mismo), según el autor lo peor que les ha sucedido a los judíos es sentirse seguros (tal como ocurre hoy día en la diáspora donde pasaron a ocupar el rol de sedentarios). Por eso, para efectos de la continuación judía, amenazada por la asimilación (las cifras del texto son desalentadoras), lo deseable no es la búsqueda de lo definitivo sino la apertura al cambio. En este sentido, el dinero debe ser visto nada más que como un medio para generar bienestar y sobre todo creación.

Lecciones básicas de economía judía

UNO: Adán fue el receptor de la primera lección de economía: el conocimiento genera deseos.

DOS: Nadie desea otra cosa que no sea deseada por el otro. En Caín y Abel un hermano niega a otro el derecho de paso. La Torá otorga el buen papel a la víctima nómada (Abel, el pastor) y, al mismo tiempo, deja vivir al sedentario pero lo convierte en nómada.

TRES: Por la tumba de Sara, Abraham debe pagar un alquiler de 400 shekels; se establece que toda propiedad, hasta la más duradera (la tumba), sólo puede ser un préstamo de D’s.

CUATRO: Isaac y Jacob confirman la necesidad de enriquecerse para complacer a D’s. A diferencia del cristianismo, que considera la riqueza banal cuando no pasa por la Iglesia, para el judaísmo lo deseable es ser rico, pues es un medio que mejora la capacidad de servir a D’s.

CINCO: José se convierte en consejero del faraón por haber sabido prever una crisis económica y suministrar al príncipe la manera de arreglarla por medio del acopio de reservas, la forma primitiva del ahorro. La metáfora de las siete vacas flacas y de las siete vacas gordas, nuevo recurso de la economía política, revoluciona el orden social, pues apunta a no consumir toda la cosecha y a prever amenazas del porvenir; dándole al tiempo un rol en el dominio de la naturaleza.

SEIS: "Quien ama el dinero jamás estará satisfecho del dinero". (Isaías). Del deseo sólo puede venir más deseo. En hebreo, dinero se dice kesef, que en su vocalización kosef designa nostalgia, envidia. Lo que no se tiene (el sacrificio de Isaac), y lo que no se va a tener nunca, aunque se adquiera. En hebreo no existe el verbo tener, yesh significa hay o existe, y yesh li, existe para mí. Es decir, el dinero es visto como un medio y no como un fin. Un medio para que el hombre se acerque a D’s, para crear, para ser útil (tzedaká). Obstinarse en guardarlo es un despropósito homicida; dar es un acto ético, una manera de enriquecerse.

SIETE: El universo es duro para quien espera su alimento de otro. De ahí que pagar el salario con retraso puede ser un pecado tan grave como el homicidio: "El mismo día entregarás su salario, antes que se ponga el sol, porque es pobre y espera su salario con ansiedad".

OCHO: Según el Talmud, cuyos escritores parecen verdaderos economistas, no hay salario justo sin precio justo. Es decir, se protege más a los consumidores que a los trabajadores; el salario se desprende del precio justo.

NUEVE: La economía no consiste en tomar riquezas de los vecinos, o del país donde el judío se instala, sino en crear riquezas nuevas, para no privar a nadie de su haber. De ahí la importancia de los bienes fértiles que crean riqueza: tierra, dinero, inteligencia. Los judíos nunca están mejor que cuando los otros lo están.

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