Agradecida de haber tenido la
oportunidad de conocer a una
maravilloso persona, el señor
Belan (Z.L.).
De la mano del señor Belan
(Z.L.), el Rabino Waingortin y
otros seres muy queridos aprendí a caminar, querer y sentirme
parte de nuestra Comunidad Israelita.
El señor Belan me acogió junto
a mi familia, con la calidez habitual
de él, me acompañó en mis
alegrías y tristezas en todos estos
años. Me hará mucha falta.
Deja un inmenso legado judío-comunitario, en donde debemos
continuar aportando, en la
medida de cada uno, nuestro
granito arena; así lo tendremos
siempre presente y podremos
hacer de su enseñanza una realidad.
Tenemos nuestra nueva Sinagoga,
la cual es parte del señor Belan (Z.L.) y de todos nosotros.
Hay que seguir caminando
por la senda que nos dejó. Marianela Nachari