Que fue un esposo amado, un buen hijo,
un gran padre, un feliz abuelo; lo supieron
su esposa, sus padres, sus hijos,
su nieto que aun no entiende, en fin,
todos los suyos, incluyendo sus amigos;
algunos a quienes vi quebrarse y enmudecer
cuando conocieron el diagnóstico
y el probable resultado final. Ellos,
su familia, sus amigos podrán llorar,
podrán sentir la herida punzante de la
pérdida. Ellos harán su duelo, pero sentirán el afecto de todos quienes, masivamente,
acudimos el día de su funeral
para abrazarlos y compartir con
ellos tratando de mitigar un poco esa
pena imposible de evitar.
Nosotros, quienes lo conocimos en
Serrano, en Comandante Malbec, en su
Comunidad Israelita de Santiago; nosotros
sólo podremos sentir su ausencia
y recordar: Roberto Belan ¡fue alguien
en quien confiar!... Fue alguien
que entendió lo que es comunidad. Que
supo que más allá del cemento, el mármol
o la piedra, había personas. Que
más allá de culto, rezos o ceremonias,
había personas; que tras un escritorio,
un teléfono o portería, había personas...
Todos teníamos nombre... todos éramos
personas... Por ello, un muro de silencio
se impuso sobre nosotros al regreso
de vacaciones. Quisimos no creerlo, en
realidad no se hablaba, preferimos casi
no saberlo, era duro, especialmente para
quienes trabajamos con él.
Sin embargo, quizás sin pretenderlo,
nos legó su mensaje, el que quedó
impreso en sus editoriales comunitarios.
Roberto Belan, el dirigente comunitario,
habló de tolerancia, de responsabilidad,
de integración y de unidad.
Habló del bien común, de valores, de
pertenencia, de seguridad. Resumió en
pocas letras su experiencia y liderazgo,
su visión y sus deseos, y lo dijo en uno
de sus artículos, hablando de nuestra
nueva sede: «Debemos sentirnos orgullosos
de lo que hemos logrado y ahora
más que nunca trabajar para que las
futuras generaciones continúen con
esta posta que no es otra cosa que la
lucha por la continuidad». Esa continuidad
de la cual habló en innumerables
ocasiones, como cuando señaló: «¡Qué
hermoso será ver este anhelo cumplido
y observar como este lugar se llenar
á de actividades y como nuestra generación, las que nos antecedieron y las
que vendrán, se darán la mano en esta
noble y maravillosa tarea de la continuidad
de nuestro pueblo».
Ojala sus palabras tengan eco y se
haga honor a sus deseos. Nosotros damos
gracias por haberlo conocido.
Silvia Preiss