Desde niños nos enseñan
que hay tres
palabras mágicas que nos introducen
en el ámbito social: por favor, gracias y
perdón. Las tres son esenciales para
llevar una vida civilizada. Y son
esenciales, también, en nuestra relación
con D´s.
Es que no podría ser de otra manera, porque todo lo que hacemos en
interrelación con otro ser humano, atañe también a D´s.
Si herimos, si agradecemos, si nos
disculpamos, lo hacemos con lo que en
el otro hay de divino. Porque nuestra
relación con D´s lo abarca todo, incluso aquellos momentos donde pensamos que
nos escondemos de Él.
Iom Kipur no es una celebración
más, es la culminación de un proceso
que intenta hacernos más humanos,
más sensibles, mejores judíos. Y esas
tres palabras mágicas nos ayudan también en el proceso de teshuvá.
Por favor: Todo empieza por tomar
conciencia de que todo es de D´s, y a Él
debemos pedir permiso para la utilización de lo que nos presta, sabiendo que
es solamente un préstamo. Entendemos
que es un favor divino el concedernos
la vida, el goce y la alegría que nos produce
saber que Él está cerca.
Gracias: El proceso continúa por
agradecerle todo, lo bueno y lo malo.
Agradecerle a Él, que es fuente de todo,
implica dar testimonio con nuestra propia
vida y acciones de nuestro real agradecimiento.
Perdón: El proceso concluye con un
perdón sincero, honesto, que parta de
la desnudez del alma frente a la sublime
presencia de D´s. Ese perdón debe
nutrirse de nuestro deseo de volver a
Él, que todo lo ve, que sabe de nuestros
aciertos y errores, de nuestros intentos
por ser mejores y nuestro deseo
de retornar.
Debemos pedir perdón por no hacer
buen uso de la vida que nos da, de
los goces que nos presta.
Debemos solicitar Su perdón por no
vivir una vida que testimonie nuestro
agradecimiento.
Por fin en el día del perdón si hacemos
un buen trabajo, recuperaremos la
brújula que indica nuestra ubicación y
el camino de retorno a D´s.
Jatimá Tová.
Rabino Eduardo Waingortin