Ad portas de un nuevo Rosh Hashaná,
se me viene a la cabeza la historia de Franz Rosenzweig, filósofo judío alemán creador del conocido Maguen
David de Rosenzweig, aquel que todos
los años estudian los adolescentes que
preparan su Bar-Mitzvá en los cursos
de Talmud Torá.
Rosenzweig, en su juventud, estuvo
a un paso de asimilarse, producto
de haber crecido en una época y un
ambiente en que la observancia y la tradición carecían, aparentemente, de relevancia
alguna.
Todo parecía indicar que
Rosenzweig seguiría ese camino, hasta
que un día de los Iamim Noraim de
1913, al pasar por una pequeña sinagoga
de Berlín, escuchó el sonido del
Shofar. Probablemente por sus escasos conocimientos de judaísmo, le llamó
poderosamente la atención este «extraño rito» y decidió ingresar y presenciar
el servicio religioso hasta su conclusión.
El mismo Rosenzweig contó años más
tarde que, desde aquel día, decidió seguir
siendo judío. Y no sólo eso, sino
que empezó a estudiar judaísmo en profundidad
y a adentrarse en ese mundo
que hasta hace poco desconocía.
Con el diseño de su Maguen David,
Rosenzweig planteaba la existencia de
tres elementos fundamentales relacionados
entre sí: D´s - mundo - hombre.
D´s se relaciona con el mundo a través
de la creación. D´s se relaciona con el
hombre por medio de la revelación, y
el hombre se relaciona con el mundo a
través de la redención.
Ahora bien, si entendemos el Maguen David propuesto por
Rosenzweig como el marco en que se
desarrolla la existencia y como la integración de las unidades fundamentales
del universo, podemos intentar, especialmente
en estos Iamim Noraim,
estructurar nuestras propias estrellas y
revisar cuáles son los pilares que componen
nuestro micro-universos. Es
más, incluso podemos postular que
cada uno de nosotros tiene varios
Maguen David que, entrelazados, conforman
nuestras vidas.
De esta forma, todos tendríamos
una estrella conformada por los elementos
hombre - trabajo - bienestar
material. También podemos hablar de
una compuesta por familia - comunidad
- sociedad. Y así podríamos seguir
creando estrellas, considerando la vida
de cada individuo para definir cuáles
serían sus elementos.
Lo importante es que podamos
constatar cómo se relaciona cada elemento
entre sí y cada Maguen David
con el otro en nuestras existencias. Por
ejemplo, la combinación hombre - trabajo
- bienestar material que parece
algo mundana, no lo es en absoluto,
pero sus elementos deben relacionarse
de forma que se convierta en algo trascendente.
Esto es, el hombre debiese
entender su trabajo como una forma
de aportar a la sociedad, obtener su
bienestar material de forma legítima,
entregando lo mejor de sí, respetando
a sus pares y subordinados, etc. Y ese
merecido bienestar material, convertirlo
no en el objetivo final, sino en un
medio para poder desarrollarnos en
otros ámbitos, compartiendo además lo
que podamos, mediante la Tzedaká.
Como decíamos, la interacción entre
nuestras distintas estrellas también
es fundamental. La hombre - trabajo -
bienestar material, no puede nunca
opacar a la estrella familia - comunidad
- sociedad. Para esto es importante tener
siempre claras nuestras prioridades
y evaluar si le hemos dado a cada una
la dedicación que corresponde. Tanto
el Shabat, cada semana, como Rosh
Hashaná, una vez al año, nos invitan a
hacer la pausa necesaria para evaluar
qué elementos están conformando
nuestras estrellas y cómo interactúan.
Este año, justamente ambos, Shabat y
Rosh Hashaná coinciden.
Mi deseo es que en estos Iamim
Noraim podamos mirar a nuestro alrededor
y a nosotros mismos, entender
cuáles son los elementos que componen
nuestros Maguen David y relacionarlos
de forma que puedan brillar y dar
luz a nuestras familias, nuestra comunidad
y a la sociedad. Y las buenas estrellas,
podrán trascender, aun más allá
de la finitud de la vida, pues como dijo
Hanna Szenech: «Hay estrellas cuyo
brillo todavía se percibe en la Tierra, a
pesar de haberse extinguido hace mucho».
Yoab Bitrán H.
Director Círculo Israelita de Santiago