«La suerte», propiamente tal no
existe, ya que ésta, no es más que la
intersección entre la oportunidad y la
constancia.
Así cuando vemos a una persona,
familia, institución y/o pueblo en un
determinado hecho o búsqueda con resultados
exitosos, no es una real consecuencia
del azar sino que el resultado
de un gran trabajo y perseverancia.
El legado de nuestros antepasados
que, en lo personal, veo tan bien ilustrado
a través de la bendita memoria
de mis abuelos, es finalmente esto: una
oportunidad.
Cuando nuestros padres nos trajeron
a la vida, D's mediante, y de acuerdo
a las leyes del pueblo judío, el hombre
realiza un pacto de honor con este
pueblo, y en especial con su comunidad,
un compromiso de oportunidades,
de pertenencia y compañía, representado
por el Brit Milá. Luego, al poco
andar, este compromiso se perpetúa y
se agrega una responsabilidad divina
a esta oportunidad, marcada por la ceremonia
del Bar o Bat Mitzvá.
Desde ese momento, corresponde al
niño/a, potenciar sus oportunidades,
crecer y convertirse en un hombre/
mujer. La búsqueda recién comienza.
Si miro hacia atrás, cuando realicé
mi Bar Mitzvá, intentando recordar este
primer hito de responsabilidad frente
a D´s y a mi comunidad, no logro recordar
haberme percatado de los caminos
que me presentaría la vida; sin
embargo, la imagen de mis abuelos, de
mis padres y mi entorno, permitió que
las búsquedas que iniciaría tuviesen un
denominador común: mantener, perpetuar
y transmitir esta «Gran Suerte», la
que logro dimensionar mejor cuando,
desde mi rol de hijo, padre, hermano,
esposo, amigo y miembro activo de esta
comunidad, continúo en la búsqueda
persistente de la trascendencia y la
transmisión de este entendimiento.
Ahora recuerdo cuando mi hija realizó su Bat Mitzvá hace casi seis años,
mi hijo está pronto a realizarla y mi hija
pequeña ya tiene sueños de crecer para
alcanzar esta responsabilidad. Comprendo
también la importancia de este
nuevo templo, esta comunidad, estas
familias y estos niños; los que necesitan
recibir mensajes claros de pertenencia
judía y compañía familiar/comunitaria.
Podemos decir que el Círculo Israelita
de Santiago se ha «preocupado» de
emprender la búsqueda constante, ahora
sólo falta que todos nos sumemos y
nos «ocupemos» de que nuestros hijos
comprendan el verdadero significado
de esta «Gran Suerte» y aprovechar la
oportunidad: la de pertenecer al pueblo
judío de manera activa y comprometida.
Shabat Shalom.
Andrés Israel
Director Círculo Israelita de Santiago