La oportunidad de la continuidad

                              POR ANDRÉS ISRAEL

 
 

 «La suerte», propiamente tal no existe, ya que ésta, no es más que la intersección entre la oportunidad y la constancia.

 

 Así cuando vemos a una persona, familia, institución y/o pueblo en un determinado hecho o búsqueda con resultados exitosos, no es una real consecuencia del azar sino que el resultado de un gran trabajo y perseverancia.

 

 El legado de nuestros antepasados que, en lo personal, veo tan bien ilustrado a través de la bendita memoria de mis abuelos, es finalmente esto: una oportunidad. Cuando nuestros padres nos trajeron a la vida, D's mediante, y de acuerdo a las leyes del pueblo judío, el hombre realiza un pacto de honor con este pueblo, y en especial con su comunidad, un compromiso de oportunidades,  de pertenencia y compañía, representado por el Brit Milá. Luego, al poco andar, este compromiso se perpetúa y se agrega una responsabilidad divina a esta oportunidad, marcada por la ceremonia del Bar o Bat Mitzvá.

 

 Desde ese momento, corresponde al niño/a, potenciar sus oportunidades, crecer y convertirse en un hombre/ mujer. La búsqueda recién comienza.

 

 Si miro hacia atrás, cuando realicé mi Bar Mitzvá, intentando recordar este primer hito de responsabilidad frente a D´s y a mi comunidad, no logro recordar haberme percatado de los caminos que me presentaría la vida; sin embargo, la imagen de mis abuelos, de mis padres y mi entorno, permitió que las búsquedas que iniciaría tuviesen un denominador común: mantener, perpetuar y transmitir esta «Gran Suerte», la que logro dimensionar mejor cuando, desde mi rol de hijo, padre, hermano, esposo, amigo y miembro activo de esta comunidad, continúo en la búsqueda persistente de la trascendencia y la transmisión de este entendimiento.

 

 Ahora recuerdo cuando mi hija realizó su Bat Mitzvá hace casi seis años, mi hijo está pronto a realizarla y mi hija pequeña ya tiene sueños de crecer para alcanzar esta responsabilidad. Comprendo también la importancia de este nuevo templo, esta comunidad, estas familias y estos niños; los que necesitan recibir mensajes claros de pertenencia judía y compañía familiar/comunitaria.

 

Podemos decir que el Círculo Israelita de Santiago se ha «preocupado» de emprender la búsqueda constante, ahora sólo falta que todos nos sumemos y nos «ocupemos» de que nuestros hijos comprendan el verdadero significado de esta «Gran Suerte» y aprovechar la oportunidad: la de pertenecer al pueblo judío de manera activa y comprometida.

 

 Shabat Shalom.

Andrés Israel

Director Círculo Israelita de Santiago

 

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