Hace mucho tiempo que rondaba en mi
cabeza la idea de escribir acerca de la
tolerancia en nuestras instituciones,
idea desechada en muchas oportunidades
debido (aun cuando esto suene incongruente)
a la intolerancia que ronda
a toda nuestra colectividad; intolerancia
que se manifiesta de muchas maneras
desde lo social hasta lo religioso.
Cuántas veces hemos sido mudos
testigos de fuertes interpelaciones a
personas que por uno u otro motivo no
son admitidos en ciertos círculos por razones
que no son admisibles bajo ningún punto de vista y menos desde el
punto de vista de nuestra moral y ética
judía.
Por otro lado, cuántas veces hemos
visto a dirigentes comunitarios que no
debieran tener, desde ese mismo punto
de vista, acceso a cargos que tengan
que ver con la conducción de instituciones
judías (y en algunos casos hasta
se les debiera haber suspendido su
militancia) practicar la intolerancia
ante miembros de nuestras instituciones
sin razón aparente ni real.
En nuestra pequeña comunidad judía no debemos tener espacio para la
intolerancia, no debemos discriminar y
tampoco debemos permitir ser discriminados.
Formamos parte de un pueblo que
ha sido permanentemente discriminado;
discriminación que, según algunos,
ha permitido que nos hayamos hecho
fuertes y que hayamos sobrevivido a las
mayores atrocidades. Sin embargo, según mi modesta opinión, si bien esa
discriminación de la que hemos sido
objeto en algunos casos logró una templanza
salvadora, de ninguna manera
puede justificar la discriminación entre
nosotros.
Nosotros tenemos que entender que
absolutamente nadie sobra en nuestra
comunidad y que en la tolerancia está
una de nuestras mejores cualidades y
características. A veces somos como el
«perro del hortelano», el que no come
ni deja comer.
No caigamos en esa abominable
conducta que provoca que a veces nosotros
seamos peores que los peores
antisemitas. No se entiende que un
pueblo que ha sido discriminado, asolado
y excluido por siglos, practique la
intolerancia entre sus hermanos.
Roberto Belan
Past President
Círculo Israelita de Santiago