
Hace
ya varios años, tuve el privilegio de conocer a Pilar Rahola con motivo
de su primera visita a Chile, visita que
se enmarcó en la conmemoración de
Iom Hashoa acto en el cual se le concedió el premio Javer Olam. Desde un
comienzo me llamó la atención su propuesta
de vida , una propuesta valiente,
franca y sincera, propuesta en la cual
no sólo no eludía ningún tema, sino que
proponía en forma vigorosa temas
valóricos tan ausentes en estos tiempos.
Su discurso de aceptación del premio Javer Olam debe haber sido el más
impactante que he escuchado en mi
vida, impacto que no sólo se produjo
en mí, sino que en toda la audiencia
presente en tan solemne ocasión. A tal
grado llegó el impacto y la emoción que
provocaron sus palabras, que en un
acto irreflexivo y absolutamente fuera
de todo protocolo, las más de mil personas
presentes irrumpimos en un prolongado
y emocionado aplauso ante
una persona que logró tocar las fibras más intimas de cada uno de nosotros.
Debo reconocer que en más de una
ocasión he vuelto a leer su discurso con
el propósito de volver a recargarme con
las energías necesarias para seguir adelante
con la tarea comunitaria. Es notable
que una persona que no profesa
nuestra fe , que no tiene ningún origen
judío, que no tiene ningún compromiso
con nuestro pueblo más que el de ser
una persona bien nacida, nos conmine
a lucir orgullosos nuestro judaísmo , a
no ocultarnos y a defender nuestra herencia
a pesar de los peligros que para
ella entrañan sus acciones.
Nosotros debiéramos tomar, aunque
sea en forma modesta, su propuesta
y llevar esa valentía a los diversos
ámbitos de nuestro quehacer como judíos. Es paradójico que a pesar de nuestra
experiencia histórica que debiera
enseñarnos a ser orgullosos herederos
de quienes dieron la vida para que nosotros
siguiésemos existiendo, tenga
que venir una persona ajena a nuestra
historia a darnos una lección y a enseñarnos a ser valientes.
Roberto Belan
Past President
Círculo Israelita de Santiago